"Los coleccionistas tendrían que ir al paraíso", lo afirmó Pierre Rosenberg, ex director del Museo del Louvre y comisario de la exposición Pasión por el dibujo. De Poussin a Cézanne. Obras maestras de la Colección Prat, abierta en Caixafòrum, el centro cultural de la Fundación La Caixa en Barcelona, hasta el 9 de diciembre. La exposición ofrece la posibilidad de ver, por primera vez en España, 100 láminas escogidas entre las más de 250 que componen el fondo de dibujos franceses más importante de Europa, reunido a lo largo de 30 años por el historiador Louis-Antoine Prat, responsable del departamento de Artes Gráficas del Louvre.
"La colección ofrece un panorama del dibujo a lo largo de 300 años, desde el siglo XVII, con las escenas mitológicas y fantásticas de Poussin y Le Brun y el realismo de Antoine Watteau, hasta el triunfo expresionista de finales del XIX", explica Prat, quien tuvo el mérito de crear una colección personal que, aun sin ánimo de ser enciclopédica, combina una gran variedad de motivos y técnicas, obras minuciosas y estudios rápidos, piezas célebres y también dibujos raros, rodeados de misterio, como el conjunto de rostros inmortalizados por Louis-Léopold Boilly (Retratos de 16 hombres) y el único dibujo que se conserva en manos privadas de Antoine Coypel, autor de la decoración de la capilla del palacio de Versalles.
La exhibición se divide en cuatro apartados cronológicos, acompañados de sendos óleos de François-André Vincent, Charles Le Brun, Pierre-Paul Prud'hon y Paul Cézanne, cuyos respectivos dibujos forman parte de la exposición y ponen de manifiesto las distintas relaciones entre estas dos disciplinas.
El recorrido se abre con las atrevidas composiciones de Jacques Callot, donde la búsqueda de formas esenciales y el dominio del espacio conviven con el mundo imaginario, fantástico y sensual, que cautivará a los románticos. El neoclasicismo, que se difundió en toda Europa tras el descubrimiento de las ruinas de Pompeya y Herculano, está representado por Ingres y su ideal de contención y belleza, por una parte, y por otra, por los artistas que exploran el lado más oscuro de la realidad en obras perturbadoras como Psique raptada por los céfiros, de Prud'hon; El asesinato de Fualdès, de Théodore Géricault, y La muerte de Artemisa, de Jacques-Louis David. La fascinación por la misteriosa relación entre el hombre y la naturaleza, caracteriza los artistas malditos, protagonistas del romanticismo, como Charles Baudelaire con un retrato de mujer mucho más sosegado que sus poesías; Odilon Redon con una inquietante Cabeza suspendida de una cadena, y Victor Hugo con La tempestad, una enigmática representación de un naufragio. El interés por la luz de Degas y su reinterpretación del realismo dan paso al impresionismo, mientras que las obras de Georges Pierre Seurat y Cézanne, que cierran el recorrido, ya anticipan los grandes cambios del siglo XX.
"El dibujo representa la parte más íntima y espontánea de un artista. Parece milagroso que algo tan frágil, que en principio no estaba pensado para ser comercializado, haya llegado hasta nosotros", indica Prat, que sigue coleccionando al ritmo de dos o tres obras por año. "Desde que en la década de 1980 la Fundación Getty empezó a comprar dibujos los precios se han disparado", concluye.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007