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Reportaje:Tenis | Open de Estados Unidos

"¡No puedo!"

Ferrer cae ante Djokovic, finalista frente al ganador del Federer-Davydenko

"¡No puedo!". David Ferrer, mirada en el suelo y grito en el aire, se peleaba consigo mismo mientras pasaba de tenista imbatible a jugador desguazado. La demolición duró un cuarto de hora. A los 16 minutos, Ferrer dominaba (4-1). Era un tenista al galope. A los 33, había perdido cinco juegos seguidos, el primer set y el convencimiento de que la victoria fuera posible. "¡No puedo!", gritaba desesperado por el asalto de Djokovic, un tenista que finta y pega, fino con el pincel y brutal con el trabajo de brocha gorda (6-4, 6-4 y 6-3).

El serbio, que tuvo que pedir sales y hielo para hacer frente al calor, jugará hoy la final del Open de Estados Unidos contra el vencedor del duelo Roger Federer-Nikolay Davidenko. Su debut en una final grande le coloca como la gran amenaza de Rafael Nadal como número dos y se explica desde el convencimiento. Djokovic no dudó nunca. Mantuvo su esquema de ataque y derribo. Su plan de riesgo y raqueta afilada. Ferrer, no. Del tenista dinámico y efervescente que ganó a Nadal sólo quedó un hombre corajudo, orgulloso en la lucha y un punto corto de juego. Ferrer tuvo opciones de break en tres saques del serbio en el segundo set. No logró ninguno.

La brillantez de Djokovic mide el partido de Ferrer. El serbio es un tenista superlativo. Domina el escenario, la platea y las bambalinas. En la pista vive con pinturas de guerra, siempre al ataque, sin espacio para la pausa ni el reposo. En la grada manda gracias a sus gestos y sus imitaciones, que le conectan con el público tanto como le separan de sus compañeros. Y en el vestuario, entre bambalinas, es un tenista al límite del reglamento, dispuesto a andar cualquier camino que lleve a la victoria: ya pocos rivales creen que sus repetidos problemas físicos durante el torneo -ayer, un principio de insolación; antes, dolores en la espalda, y primero, problemas estomacales- sean reales. "Las condiciones eran extremas", se defendió ayer.

Djokovic, sin embargo, aporta a su deporte juego eléctrico, sonrisas fáciles y la posibilidad de romper el duopolio de Federer y Nadal. Ferrer ya sabe cuánto le separa de esa posición. Tiene golpes, talento y piernas para luchar hasta el último suspiro por clasificarse para el Masters de Shanghai, que reunirá a los ocho mejores tenistas del mundo en noviembre. Hace dos temporadas lloró cuando se quedó a un solo punto. Este año, que le ha confirmado como un tenista multipista y siempre competitivo, lo tiene en sus manos. Ahora sí puede.

Hombres: Semifinales: R. Federer (Sui.)-N. Davydenko (Rus.). Mujeres: Final: S. Kuznetsova (Rus.)-J. Henin (Bél.).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007