Modificar el estado de ánimo de Cataluña, bastante depresivo según todos los sondeos, y taponar cualquier recuperación del Partido Popular en Andalucía, por mínima que pueda resultar, son las tareas más urgentes del PSOE y del Gobierno al abrirse el curso académico y empezar la encubierta, dura y larguísima campaña electoral que se avecina.
Para el PP, por el contrario, la tarea más urgente es controlar el debate de sus listas electorales (encontrando encaje no sólo para el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, sino también para su portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, al que Francisco Camps, presidente de la Comunidad Valenciana, preferiría no ver en sus proximidades) y lograr que se instale en la opinión pública la duda sobre la bonanza económica del país.
La gran esperanza de los dirigentes populares es que Rodríguez Zapatero se haya equivocado al no adelantar ligeramente la convocatoria de elecciones
Los dirigentes del PP reconocen que su mejor esperanza es que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se haya equivocado al no adelantar ligeramente la convocatoria electoral. Para muchos de sus analistas, la batalla entre la personalidad de Mariano Rajoy y la de Rodríguez Zapatero puede estar perdida, pero eso no implica necesariamente la pérdida de la batalla electoral, si se instala la percepción de una perspectiva económica complicada. Por eso tanta gente dentro del Partido Popular deseaba la incorporación de Rodrigo Rato a sus listas electorales.
Si con un líder "escaso" como Rajoy, que ofrece una alternativa insuficientemente atractiva, las encuestas sitúan al PP a menos de cinco puntos del PSOE, quiere decir, se animan esos mismos analistas populares, que la estructura del partido y de su mensaje es sólida. "Evidentemente para nosotros sería básico saber si existe realmente en la sociedad española esa dinámica de desconfianza de fondo respecto a Rodríguez Zapatero sobre la que basamos nuestra estrategia", explica un dirigente del PP, ansioso por tener en la mano los resultados de una gran encuesta que fue encargada en su momento y que debe llegar en los próximos días a la sede de Génova.
En el PP, el gran tema de conversación, Rato aparte, es la incógnita de Ruiz-Gallardón y de su puesto en las listas al Congreso de los Diputados. El rechazo frontal de un importante sector del partido, con Esperanza Aguirre a la cabeza, no le elimina de la batalla.
Algunos dirigentes del PP creen que Rajoy no le llevará en la lista de Madrid por afecto personal, pero sí cree que le conviene para empujar la candidatura. Algunos de sus propios seguidores calculan que Ruiz-Gallardón irá en las listas madrileñas al Congreso en un puesto importante, pero no tan relevante como sería el número dos al que aspiraría el alcalde.
En cualquier caso, aseguran, será el propio Rajoy quien decida porque el líder del PP se desenvuelve en una cierta soledad interna. Rajoy, mantiene un diputado cercano al dirigente popular, ha defendido siempre dentro del PP que no le debe nada a nadie y que su independencia frente a los otros liderazgos internos es total.
El caso de Eduardo Zaplana es diferente porque difícilmente el portavoz parlamentario del Partido Popular puede considerarse "un valor añadido", como bromeaba en otros tiempos Javier Arenas, actual presidente del comité electoral nacional y tradicional enemigo del político valenciano. Teóricamente, Zaplana debería encabezar la lista al Congreso por Valencia, pero el presidente de la comunidad, Francisco Camps, no ha ocultado su rechazo. En Génova opinan que finalmente Camps tendrá que aceptar algún acomodo para su gran enemigo, pero no sin antes procurar desplazarle de la capital.
Último sondeo
Mientras el PP espera los resultados de su macroencuesta particular, en el Partido Socialista la atención se centra en el último sondeo político del CIS, que saldrá en octubre, con la panoplia habitual de preguntas, incluidas las que valoran la percepción de la situación económica, tanto a nivel de expectativas personales como de expectativas para el conjunto del país.
La experiencia demuestra que no basta con que la economía crezca realmente al 3% o al 4%: hace falta, además, controlar el debate para que los ciudadanos estén convencidos de que les irá personalmente mejor.
Después, y hasta la cita electoral de marzo de 2008, sólo se desarrollarán las obligadas encuestas sobre la intención de voto de los ciudadanos. Quiere decirse que éste será el último gran sondeo público para detectar los auténticos capítulos de riesgo y de ventaja.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007