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El día de las bestias

Hoy a mediodía se manifiestan más de 700 ovejas por el Centro. Es la Fiesta de la Trashumancia, que se celebra desde hace 14 años. Más o menos a la misma hora, los caballos vuelven a competir en el Hipódromo de la Zarzuela. Ambos acontecimientos fueron precedidos ayer con la espectacular llegada de Bingxing y Hua Zuiba, la pareja de osos panda que serán atracción estelar del Zoo madrileño en los próximos años: macho y hembra en edad de merecer; idilio cantado; pandillas en lontananza. Está mosqueado el oso, el del madroño.

Anoche, en La Riviera, final española de La Batalla de los Gallos; no es pelea de gallos sino de gallitos cantores. Un día bestial. Es seguro que mañana serán portada de periódicos algunos de esos bichos. Buena disculpa para gozar como un animal si el tiempo y la autoridad lo permiten.

Tanto los panda del Zoo como los équidos de la Zarzuela van a llevar vida más regalada que los marajás. Las instalaciones del Hipódromo son un remanso de lujo donde residen rodeados de mimo y confort cerca de 800 caballos de alta competición, casi todos ellos purasangre de intachable pedigrí. Las ovejas son otra cosa. Al contrario que sus primas las cabras, parecen pasotas, pero quizá cuando balan se están acordando de tu madre. Un enigma, las ovejas.

En cuanto a La Batalla de los Gallos, se trata de una colorista y montaraz competición de improvisadores de rimas en los terrenos del rap, el hip-hop y esas cosas. Versos como puñales y ritmo sincopado para destrozar al rival sobre la marcha. El campeón nacional de esa especialidad poética, musical y asilvestrada es el madrileño David Martínez, Rayden.

Las bestias humanizan la ciudad, aunque no todas. Sin perros y gatos, Madrid sería pálido. Sin embargo, sólo en los primeros seis meses de 2007, distintas entidades protectoras han acogido a más de 8.000 animales abandonados. Las palomas pasan por mal momento: multa de 300 euros para quien las alimente en la calle, pero te pueden endosar 60 pavos si las espantas en zonas verdes. Cosas de Madrid, donde está prohibido "inquietar a los peces". Trátese hoy como un purasangre, haga el oso. Y su perro, también.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007