Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

El futuro de un sector decisivo para España

España, en materia de telecomunicaciones y sociedad de la información presenta un desigual perfil. Desde el punto de vista de la demanda y uso productivo y social de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), aunque padecemos algunas debilidades -que no serían difíciles de corregir-, nuestro país se sitúa cómodamente entre los primeros 25 países del mundo. No es el caso de nuestra oferta tecnológica, que adolece de una congénita debilidad, que el tiempo no hace sino acrecentar.

Con datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el Banco Mundial correspondientes al año 2006, la posición relativa de España -excluidos los países ricos de menos de un millón de habitantes- se presenta en el cuadro adjunto. Este cuadro pone de relieve que España, curiosamente, está mejor posicionada en lo que más importa: movilidad, banda ancha y uso de internet, mientras que en lo que permanecemos más alejados de la media, la distancia no es insalvable, incluso en poco tiempo. Claro que, como los demás países, lejos de dormirse en sus laureles, no hacen sino avanzar a toda velocidad, en absoluto podemos dejar de insistir en la permanente necesidad de invertir y usar las TIC.

A España le interesa el crecimiento del sector TIC porque es la única vía segura para incrementar la renta por trabajador y per cápita

El panorama de la oferta tecnológica española se encuentra, sin embargo, muy lejos de nuestro nivel relativo de riqueza y representa uno de los principales problemas -y en consecuencia desafíos- de nuestro país. España presenta un acentuado y creciente déficit comercial en TIC, que nos sitúa junto con el Reino Unido y Australia como líderes mundiales.

El sector industrial español es competitivo, pequeño y menguante. Desde hace más de una década España exporta más de la mitad de su producción, lo que pone de manifiesto la competitividad internacional de nuestras empresas. Pero el volumen de exportación es minúsculo en relación con el mercado interior y, además, lleva decreciendo varios años.

A pesar de la descrita debilidad de la oferta tecnológica española, nuestras empresas compiten internacionalmente con éxito en: simulación civil y militar, control de tráfico aéreo, ferroviario y rodado, telepeaje, ticketing, parquímetros, telecontrol de redes (agua, gas y electricidad), sistemas de información de aeropuertos, identificación automática de vehículos, vigilancia fronteriza, TV y audio digitales, DNI electrónico, seguridad informática, nearshoring (software), transmisión altas velocidades, tarjetas electrónicas, etcétera.

Por todo lo visto, el problema industrial de España en el ámbito de las TIC es de dimensión: la natalidad empresarial es muy baja y la inversión extranjera hace tiempo que se estancó.

La definitiva y ubicua fusión -merced a la técnica digital- de redes y contenidos en movilidad y las crecientes demandas -literalmente insaciables- sociales de comunicación, información y entretenimiento, a través de cualquier tipo de dispositivo y con la máxima calidad que la tecnología pueda ofrecer en cada momento, plantean un próximo horizonte para el sector lleno de oportunidades.

Ante el futuro, la regulación de los mercados asociados a las TIC y fundamentalmente el de las telecomunicaciones de nueva generación de muy alta velocidad, los Presupuestos Generales del Estado y la política económica tienen en sus manos el porvenir, no sólo del sector TIC, sino de nuestro país.

Si las próximas decisiones políticas se orientan a favor de la inversión tecnológica, la innovación, el despliegue vertebrador de las redes, el uso productivo y social de las TIC y el florecimiento y expansión de la oferta de nuevas tecnologías, el futuro del sector podría ser muy esperanzador.

Observando, en paralelo, la realidad económica española podemos comprobar que si bien el PIB lleva muchos años creciendo, la renta per cápita -la que de verdad importa- no lo hace tanto y ya el año pasado retrocedió en comparación con la media de la UE. El largo ciclo de crecimiento que estamos viviendo se está basando en la inmigración, lo que ha traído consigo una caída de la renta por ocupado que ha descendido más de un 10% respecto a la UE-15 en la última década.

Es a todas luces evidente que a España le interesa el crecimiento del sector TIC -la nueva economía- en vez del de otros sectores menos eficientes y competitivos, porque es la única vía segura para incrementar a largo plazo la renta por trabajador y per cápita.

Es de suponer, que teniendo en nuestras manos la posibilidad de pertenecer a la élite que liderará el mundo futuro, tanto en el consumo como en la producción de nuevas tecnologías, haremos las cosas tan bien como merece nuestro país.

Jesús Banegas es presidente de la Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones de España (AETIC).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007