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Reportaje:

El médico que abrazó la Historia

Antonio Villanueva Edo ha recuperado momentos clave de la historia médica de Vizcaya antes de apostar por la novela

Vitoria
ANTONIO VILLANUEVA EDO está a punto de publicar su segunda novela, un relato en el que aúna sus dos principales dedicaciones: la Medicina y la Historia. Reconocido cirujano del aparato digestivo, Villanueva Edo reivindica la tradición humanística de doctores como Marañón o López Ibor, ahora que los facultativos apuestan por la especialización extrema. Quizás por ello, su tesis doctoral como historiador trató sobre la trascendencia social de la tuberculosis o su primera novela, Señores de Vizcaya, caballeros de Castilla, afronta un capítulo histórico tan querido por los bilbaínos. A la espera está la publicación de su estudio sobre la generación médica del 98.

"La culpa la tuvo el hermano Gerardo Vázquez, un fraile de La Salle, profesor de literatura y lengua, que nos enseñó a escribir". Antonio Villanueva Edo (Bilbao, 1933) sitúa en ese momento infantil su pasión por las letras, pese a que su dedicación profesional se orientase de manera decisiva hacia la Medicina. Doctor en Cirugía con 28 años por la Universidad de Zaragoza, su especialización en las dolencias del aparato digestivo no le impidió mantener su pasión por la Historia, hasta doctorarse en 1989.

"Siempre había sido una afición y la utilicé para sacar un clavo. Ante una situación negativa en mi carrera profesional, en la que sufrí una gran desilusión, en lugar de abandonarme y dedicarme a las mujeres o al vino, me volque en el estudio de la Historia", recuerda. No dejó su profesión, pero buscó "otro horizonte", que alcanzó la tesis doctoral merced a una propuesta de un colega responsable del sanatorio antituberculoso de Santa Marina, Eusebio García Sainz. "La tisis cuenta con un inmenso anecdotario. Basta contemplar su vinculación con las artes, desde La montaña mágica, de Thomas Mann, a Chopin. Aquel día, en una reunión de médicos, García Sainz estaba relatando parte de la historia de Santa Marina cuando le plantearon que la escribiese y él dijo: 'Que se encargue Antón Villanueva, que para eso es de Letras".

El flamante licenciado en Historia cogió el guante y decidió llevar a cabo ese proyecto después de un encuentro con el medievalista José Ángel García de Cortázar y su hermano, también historiador, Fernando, quien le había dado clases en Deusto. "Entonces me preguntaron por la tesis doctoral y me animaron a escribirla. Un mes después, me presenté en el despacho de Fernando García de Cortázar. Le sugerí el tratamiento de la tuberculosis como fenómeno social, como una enfermedad que provoca una reacción humana tremenda, con el surgimiento de hospitales, agrupaciones, etcétera".

Ahí surgió el primer libro de Villanueva Edo, Historia social de la tuberculosis en Vizcaya. 1882-1952, en el que rastrea la huella de la enfermedad en la provincia que tuvo el mayor porcentaje de muertos por ese mal de toda España. "Surgen entonces iniciativas fascinantes, como la del médico socialista José Madinabeitia, quien promovió la construcción de un sanatorio en las campas de Arraba, en el Gorbea, un proyecto romántico donde los haya", recuerda. Construido en 1899 con el respaldo del naviero Ramón de la Sota, entre otros, tuvo que cerrar por la falta de recursos para financiar las obras.

Aquella Vizcaya de fines del XIX ha fascinado siempre a quien fue presidente de la Academia de Ciencias Médicas, fundada en esos años. "Basta enumerar las instituciones que surgieron entonces para comprender el momento: la Sociedad Coral, la Sociedad Filarmónica, el Teatro Arriaga, el Athletic, el Ateneo de Bilbao, el Museo de Bellas Artes, todo ello paralelo a la expansión de la ciudad a través de su ensanche o el puerto", rememora. Fruto del interés por esa época es su libro inédito La medicina entre los siglos XIX y XX. La generación médica del 98.

La que sí publicó hace un año, con éxito de ventas, ha sido su primera novela, Señores de Vizcaya, caballeros de Castilla. Surge alrededor del centenario de Bilbao y en la investigación de la vida de Diego López de Haro, de su padre ("capitán general de los Ejércitos de Castilla en la toma de Sevilla"), su hermano ("un súper conde-duque de Olivares de la época") o su esposa ("una hija de Alfonso X el Sabio"). El escritor lo tuvo claro: "Con estos personajes, me sale un culebrón no venezolano, vizcaíno". Basta citar el comienzo, con la muerte trágica del padre del fundador de la villa abrasado en una tina de agua caliente preparada para unos baños reumáticos... Reconoce que le costó bien poco terminar su redacción.

En su próxima novela, Villanueva mantiene el interés por la historia de Bilbao, pero aquí aparece su vinculación con la medicina. Aún no tiene decidido el título, pero ya está previsto publicarla en enero. En ella, el protagonismo se encuentra entre el cólera y la primera guerra carlista.

El cólera brota en la península del Indostán en 1820 y llega a España 12 años más tarde por el puerto de Huelva. Su mortalidad fue tan impresionante que falleció el 7% de la población de Vizcaya justo un año antes de que comenzase la guerra carlista y el sitio de Bilbao. "Imaginar la capital vizcaína, que acaba de sufrir la pandemia, enfrentándose a una guerra, con un ejército metido en sus Siete Calles, los mandos ocupando parte de las casas que quedan en pie después del asedio, los vecinos repartidos en el resto de la villa... ¡Para que luego venga nadie a hablar de las guerras románticas!"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2007