Fascinada desde pequeña con "la vida de las especies más pequeñitas", Marta Otero (Bilbao, 1988) estudia Biología en la UPV para especializarse en microbiología. Le preocupa la falta de salidas laborales en Euskadi, por lo que prevé hacer una estancia posdoctoral en el extranjero para después colocarse en un centro de investigación.
Alumna de segundo curso, el año pasado descubrió la adaptación al EEES en varias asignaturas piloto: "Es horrible. Nos prometen rendir más, saber más, pero el trabajo diario resulta inútil porque no se ve recompensado". Cree que las reformas están siendo bruscas, y se siente "rata de laboratorio". "Están introduciendo Bolonia sólo en primero y segundo, así que mi promoción saldrá peor preparada que las anteriores y que las posteriores, porque carecemos de un modelo fijo y claro", indica. Un problema de base, añade, es "la falta de interés de los profesores para adaptarse. Sólo quieren trabajar menos".
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El EEES "impone un mayor control, cuando lo propio de la universidad es la libertad". Dice saber "por experiencia" que las horas de tutoría obligatorias "no sirven para nada", y le preocupa que "trabajar en grupo, si te tocan unas compañeras poco aplicadas, condiciona los resultados académicos". Otero critica la falta de información sobre las maestrías oficiales y sus elevados precios, aunque confía en obtener becas.
Está contenta con las instalaciones de su facultad: "Los laboratorios y las prácticas están muy bien". Las obras de Leioa, en cambio, le parecen "un desastre". "Está todo inaccesible. Hay que remodelar poco a poco, no a lo bestia, lamenta. Como vecina de Sopelana, otra de sus demandas es mejorar el transporte a los pueblos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de septiembre de 2007