La librería Albero es un caos. Ocho personas se afanaban ayer en retirar hojas de árboles y hojas de libros, cristales rotos y material escolar inservible. Su propietaria estaba dentro cuando llegó la riada, que le alcanzó el pecho. Había una madre con una niña de cuatro años, que la mujer se colocó a horcajadas sobre sus hombros. "El drama más gordo fue ver a esa niña llorando".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de octubre de 2007