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Hallado muerto el testigo de cargo de un juicio contra la mafia en Holanda

Bram Zeegers, un antiguo abogado holandés de 58 años convertido en testigo de cargo en el juicio seguido estos días contra el presunto mafioso más conocido del país, Willem Holleeder, alias La Nariz, fue hallado muerto ayer. La historia presenta todos los ingredientes de un caso propio de los bajos fondos. El testigo apareció derrumbado en el baño de su domicilio de Amsterdam; una amiga suya pidió auxilio a la policía de madrugada, y los agentes "no descartan nada" en su búsqueda de pistas sobre las causas del óbito.

Holleeder es, por su parte, un tipo escurridizo. Condenado a 11 años de cárcel en 1983 por el secuestro de Freddy Heineken, dueño de la cervecera homónima, y de su chófer, cobró el rescate de 16 millones de los actuales euros y no los liberó. La policía los encontró en un almacén gracias a un chivatazo. En cuanto salió a la calle, regresó a los mismos ambientes y grupo de leales del que solía rodearse.

Se da la circunstancia de que Zeegers había declarado hace una semana contra él oculto tras una pantalla negra para no ser reconocido. Aunque aseguraba no temer a la muerte, sus precauciones estaban justificadas. El proceso en el que participaba debe esclarecer el asesinato de un amigo suyo, el banquero Willmen Endstra, crimen cometido en 2004 y por el que está siendo juzgado el propio Holleeder y otras 10 personas.

Zeegers dijo a los fiscales del caso que su amigo banquero estaba siendo chantajeado y proporcionó así un motivo para su posterior crimen. Aunque afirmó sentirse "aliviado y contento de haber podido ver por fin a Holleeder en el banquillo", la honorabilidad de su amigo Endstra estaba también en entredicho. Apodado El banquero de la mafia, mantenía relaciones con magnates del sector inmobiliario sospechosos de blanquear dinero.

A pesar de los recelos de Zeegers por el entorno de Holleeder, su labor al declarar fue impecable. Preocupado por el efecto que tendría sobre sus dos hijos el hecho de abandonar Holanda en el marco de los programas de protección de testigos de cargo, prefirió quedarse en Amsterdam. Siguió adelante tomando ciertas precauciones y fue discreto. Hasta ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007