La compañía de danza estadounidense Momix presenta en el Teatro Principal de Vitoria su último montaje, Sun flower moon, producto del ingenio de Moses Pendleton, su director desde su fundación hace casi 30 años. Sun flower moon se presenta como un delicado e ingenioso poema visual en el que ballet clásico, danza contemporánea, acrobacia y una cuidada iluminación ofrecen una hora y 25 minutos de espectáculo que bebe del surrealismo y otras vanguardias históricas.
La bailarina Danielle McFall comentó ayer en Vitoria horas antes del primer pase (hoy ofrecerán su segunda y última sesión a las 20.30) la forma en que Momix desarrolla sus piezas: "Los 30 bailarines trabajamos en la localidad de Washington, en Connecticut, cerca de Nueva York. Nuestro director, Moses Pendleton, llega al local de ensayo con la música y varias ideas generales y entre todos conformamos los montajes". A través de este trabajo comunitario, preparan cuatro o cinco espectáculos por temporada, los estrenan en Nueva York y después salen de gira por el resto del mundo.
Sus obras se caracterizan por la búsqueda de un paisaje plástico y escénico en el que la acrobacia y la iluminación resultan básicas a la hora de crear las coreografías. McFall recordó cómo "la preparación física, en cuanto a elasticidad corporal y fuerza" resultan imprescindibles. En Momix desaparece la división habitual en el ballet clásico entre hombre y mujer: todos participan por igual en los cuadros que configuran Sun flower moon, para lo que se preparan con ejercicios de yoga y musculación.
Iluminación
Las claves estilísticas se inspiran así en el disfrute visual del cuerpo humano pero también en los ejercicios de iluminación, como adelantó Jared Wootan, otro de los miembros de la compañía: "El diseño de luz es muy ambicioso", hasta el punto de que los accesorios escénicos pierden peso y realidad para fundirse con los artistas y sus evoluciones. Éste es probablemente uno de los méritos incuestionables de Momix.
Sun flower moon se presenta como una película, sin solución de continuidad entre las diferentes escenas que conforman la obra. Los 12 bailarines que se mueven por el escenario participan en un particular homenajea a los girasoles, la flor predilecta de Moses Pendleton. El título del montaje juega con ello y con la Luna en lo que se presenta como un homenaje a esta y al astro rey.
De este modo, los cuerpos de los bailarines se mueven entre las luces y las sombras danzando al ritmo de la música de Ukelele Ike, Waveform, Budha Experience o Brian Eno. Y siempre con el fin de crear formas colgantes que imitan a la Naturaleza o la desafían con creaciones propias: cuerpos flotantes, que nadan, mutan o se fusionan en un juego con la gravedad y las convenciones del realismo cotidiano.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de octubre de 2007