Entre las reivindicaciones ciudadanas a la figura del Defensor del Pueblo se encuentran la de la invisibilidad de la institución, la falta de poderes vinculantes frente a las administraciones públicas y la falta de publicidad de sus actuaciones. Sin embargo, el número de ciudadanos que acude a pedir amparo al Defensor del Pueblo Andaluz crece año a año desde su creación en Andalucía. El último informe refleja que la oficina que dirige José Chamizo recibió en 2006 un total de 5.510 quejas, con un incremento del 5%, y que el 64% fueron admitidas a trámite, mientras que el 29,4% fueron rechazas y un 6,6% remitidas a otros Defensores.
Es precisamente el número de rechazadas o no admitidas lo que hace evidente por un lado el desconocimiento del ciudadano de la Institución del Defensor -muchas quejas se refieren a asuntos en los que no tiene competencias- o también, curiosamente a un exceso de fe ciudadana que consideran que el Defensor "está para todo", aspectos ambos que recientemente fue tratado en unas jornadas de coordinación de los distintos Defensores del Pueblo de las autonomías y del Estado, celebradas en Barcelona.
Pero volviendo a las cifras, cabe destacar que en cuanto a cantidad, son los funcionarios públicos los que más acuden a la institución a reclamar sus derechos, quizá por su conocimiento del funcionamiento de las administraciones, mientras que por áreas temáticas los problemas de vivienda, urbanísmo, y obras públicas (780 quejas) o Medio Ambiente (480) son las que más atención de Defensor acapararon. Asimismo, las actuaciones iniciadas de oficio por la propia oficina del Defensor fueron mayoritariamente por asuntos de accidentes de trabajo, menores y también relativos a la vivienda.
Un último aspecto destacado es el aumento de las llamadas quejas sin fundamento que son inadmitidas pero que absorben tiempo y atención de los responsables de la institución.
Como ejemplos curiosos, la formulada por un ciudadano de Sevilla que se quejaba por que los camareros llevan en sus bolsillos los sobres de sacarina, lo que resulta poco higiénico, o la de otro individuo que reclamaba al Defensor para que instase a la dirección de un ambulatorio para que colocaran una máquina de agua fría.
El colmo de la fé que algunos muestran a la figura del Defensor es la de un ciudadano que pedía a José Chamizo que acudiera a su domicilio a atender y alimentar a sus dos perros, recogiera unos informes médicos, y algo de ropa y se los llevara a su actual morada: la prisión de El Puerto. Por si había problemas le indicaban que las llaves de la casa estaban en la prisión "retenidas".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007