El error siempre fue juzgar a David Beckham como si fuera un deportista más. No lo es. Es un personaje de cine ficción cuyo escenario ha dado la casualidad de ser un campo de fútbol. La fórmula narrativa preferida de Hollywood siempre ha sido el de la caída y la redención. La vida real de Beckham la encarna a la perfección y hoy, quizá, más que nunca.
Recordemos cómo descendió a los infiernos tras su expulsión en la derrota contra Argentina en el Mundial de 1998 y cómo un año después fue el protagonista de la victoria del Manchester United en la final de la Copa de Europa, lo que le llevó a ser nombrado capitán de la selección inglesa. Poco después lo volvió a crucificar la prensa inglesa cuando parecía que Inglaterra no se iba a clasificar para el Mundial de 2002, pero ganó -solo- el partido decisivo contra Grecia que llevó a su equipo a Japón.
En el Real Madrid sufrió una decepción tras otra culminando en la decisión de Fabio Capello en enero de este año de apartarlo forever del equipo, y esto unos meses después de que el seleccionador inglés, Steve McClaren, anunciara que nunca más volvería a vestir la camiseta blanca de su país. Ya sabemos lo que pasó: superó su dos exilios, convirtiéndose en una de las figuras claves madridistas en la conquista del campeonato español y recuperando su puesto en la selección.
De ahí se fue a Los Ángeles Galaxy, donde apenas ha jugado debido a una lesión. Cuando volvió al equipo el mes pasado, tras diez partidos fuera, era demasiado tarde. Los Galaxy no lograron pasar a los play offs de la Liga americana, lo cual significa que Beckham no volverá a disputar un partido oficial para su club hasta abril. Mientras tanto, la selección inglesa ha estado jugando tan mal en su ausencia que se encuentra a un paso de no clasificarse para la Eurocopa del año que viene. Todo depende de si Israel gana en diez días contra Rusia y si Inglaterra vence a Croacia.
Primero hay un amistoso el viernes contra Austria en el que jugará Beckham. O al menos así lo indica un extraordinario viaje que hizo el seleccionador McClaren a Los Ángeles la semana pasada. El único partido que disputó Beckham durante la visita de McClaren fue un amistoso contra un equipo de celebridades llamado Hollywood United que los de Beckham ganaron 12 a 4, con dos goles del inglés. Lo curioso fue que McClaren, pese a un vuelo tan largo, se lo perdió, limitándose a ver a Beckham en un entrenamiento y a charlar con él en su casa. Será que McClaren intuye, como especularon algunos diarios ingleses, que tiene los días contados en la selección y se fue a hacer un poco de turismo, y a aprovechar la última oportunidad que va a tener en su vida de entrar en el hogar de un famoso de Beverly Hills. La otra posibilidad es que para justificar semejante despilfarro tendrá que poner a Beckham en su once inicial.
McClaren se ha vuelto el hazmerreír de Inglaterra. Lo dejará de ser si se consuma un milagro e Inglaterra llega a la fase final de la Eurocopa. Con Beckham en el escenario eso no se puede descartar. Además, no es nada si se compara con lo que logró con el Madrid durante la primera mitad del año. El guión está escrito. Israel gana a Rusia e Inglaterra a Croacia con tiro libre de Beckham en el último minuto.
Ya. Eso ni en Hollywood se lo creen. Pero tampoco se hubieran creído todo lo demás.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007