Atapuerca 'versus' Sidrón
Entre los muchos enfrentamientos territoriales que secuestran nuestra actualidad, todos basados en el potente mito español de los orígenes identitarios, no deberíamos pasar por alto el que ahora mismo opone el neandertal de la sierra de Atapuerca, bautizado por el mediático profesor Arsuaga como Homo antecessor, al de los últimos fósiles dotados de ADN encontrados en la cueva de Sidrón, en las estribaciones de la asturiana sierra del Sueve.
Pero no se trata de inaugurar un nuevo debate territorial entre Burgos y Asturias, hasta ahora inexistente, sino de profundizar seriamente en el mito de los orígenes y hasta sus últimas consecuencias, hasta ese neandertal puro. Y las actuales excavaciones de Atapuerca y Sidrón pueden ser un elemento esclarecedor en momentos de tanto furor nacionalista y al mismo tiempo de tanta pasión por esos infinitos forenses de las series criminales de la tele que ocupan las pantallas del prime time (CSI, RIS, Bones o el próximo Dexter, un serial killer forense) y hacen exactamente lo mismo que los paleontólogos de Atapuerca y Sidrón, desenterrar y escudriñar esqueletos.
PARTAMOS DE LA BASE de que España se ha convertido últimamente en la primera potencia mundial en yacimientos neandertales y la comunidad científica mundial está pendiente de los resultados de las excavaciones de Sidrón y Atapuerca. Lo que me llama la atención es que, por el momento, nuestra comunidad política de gen nacionalista se muestre tan indiferente a lo que están descubriendo nuestros forenses paleontólogos. Y en la sierra de Atapuerca, según Arsuaga y sus muchachos, han encontrado nada menos que los restos del Homo antecessor, aquel famoso eslabón perdido de la paleontología decimonónica, o del supremo nacionalismo tipo alemán, y en las excavaciones asturianas dirigidas por el profesor Fortea, mucho menos mediático, pero que sigue los métodos del doctor Grissom de Las Vegas respecto al ADN, han identificado en sus neandertales nada menos que el también famoso y hasta ahora nunca hallado FOXP2, es decir, el gen del lenguaje.
Son dos prácticas forenses muy distintas sobre nuestros discutidos y verdaderos orígenes que, no sé por qué, me recuerdan la vieja y no zanjada polémica historiográfica de este país: si esto empieza en la literatura fantástica y católica de Sánchez Albornoz o en la sociológica erasmista de Américo Castro, si en la cueva de Covadonga o en la fusión (o remix) de cristianos, moros y judíos, si lo importante es la categoría de Homo antecessor de Atapuerca o la categoría de homo parlanchín de Sidrón.
Y no es de extrañar que a la vista de estos nuevos resultados sobre nuestros neandertales se hayan movilizado las comunidades paleocientíficas de las comunidades autonómicas nacionalistas (Euskadi, Catalunya, Galicia) para defender sus respectivos orígenes lingüísticos fantaseando sobre las primeras fonaciones o palabras neandertales, y los discípulos del autor de Los hetedoxos españoles hayan adoptado inmediatamente las muy odontológicas teorías neandertales de Arsuaga sobre el Homo antecessor de Burgos, aunque allí no haya restos de ADN, sólo muelas y mandíbulas.
Habría que saber más, muchísimo más, de nuestros antepasados neandertales porque el problema de los orígenes, con todo, todavía no está resuelto y todavía resulta que en la paleontología casera sigue funcionando una frontera peninsular que un día de hace siglo y pico se estableció caprichosamente en la frontera del Ebro, o de la comunidad autonómica de Aragón, por encima de la cual todo era pureza neandertal, pero que hasta Gibraltar, concretamente hasta la cueva de Gorham, la exacta contracueva de Covadonga, todo fue decadencia neandertal, derrota, retirada o sencillamente extinción de la especie. Para ser rigurosos, quedaría por saber si nuestros neandertales de la España septentrional, tan puros ellos, follaron o no follaron con aquellos Homo sapiens que nos invadieron desde África y con los que cohabitaron en la Península durante dos milenios. Y ésta es la verdadera pregunta que se hace la ciencia paleontológica: ¿No lo hicieron ni una sola vez? ¿Eran en realidad tan feos?
NO SE LO QUE DIRÁ la futura y espectacular biología molecular de nuestros yacimientos neandertales, pero los nacionalismos caseros, vengan de donde vengan, deberían tener en cuenta un detalle también científico: los neandertales españoles, aunque muy lentorros, ricos en ADN y con tendencia septentrional, eran tipos muy nómadas y con un cerebro incapaz de mapear, sin GPO mental, y nunca olvidemos que el gen nacionalista español, el que está en la base molecular del sagrado mito de nuestros respectivos y numerosos orígenes, ante todo procede de tipos muy sedentarios y enamorados del terruño hasta la locura, hablaran la lengua que hablaran.