Simon Schorno, portavoz de Cruz Roja en Washington, responde que su organización no puede facilitar ningún dato de este caso ni de cualquier otra de sus actividades en Guantánamo. El acuerdo al que llegó con las autoridades de EE UU les obliga a mantener la confidencialidad sobre su trabajo y sobre la situación de los presos. "El Comité Internacional de Cruz Roja no comenta públicamente las condiciones de detención y trato de los detenidos en Guantánamo o en otros centros de detención que visita en todo el mundo. Sus descubrimientos y recomendaciones se discuten confidencialmente y de forma bilateral sólo con las autoridades que efectúan los arrestos, en este caso con el Gobierno de EE UU", responde. El caso de Ikassrien no es el único del que ha tenido conocimiento esta organización humanitaria. Cruz Roja conoció en 2003 otros tres casos similares y tras investigarlos protestó ante el Gobierno de EE UU porque sospechó que militares o agentes de la CIA habían suplantado a sus hombres y provocado daños en su credibilidad ante los presos, según asegura una fuente. "Entonces se utilizaron diferentes métodos para conseguir información a cualquier precio, incluyendo la suplantación de la identidad de miembros de Cruz Roja", dice una fuente próxima a la organización. Cruz Roja protestó ante los jefes militares y éstos negaron las acusaciones. Nada trascendió a la opinión pública.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007