La llegada de la nueva presidenta argentina a la Casa Rosada tendrá una notable repercusión en las condiciones de la presencia de los principales inversores españoles en Argentina. Durante los primeros meses del mandato de Cristina Kirchner se cerrará la venta del 25% de las acciones de YPF al empresario argentino Enrique Eskenazi, un viejo amigo de la familia Kirchner, cuyo banco sirvió en 2001 de operador al todavía presidente y entonces gobernador de Santa Cruz para enviar a Suiza los fondos de la provincia en una polémica operación para evitar la devaluación de las reservas provinciales. Aunque Repsol trata de rebajar la importancia de la negociación presentándola como una venta normal, en Buenos Aires se habla abiertamente de una argentinización de la compañía y del paso previo a que Repsol se desprenda, por lo menos, del 45% de YPF.
Telefónica y Endesa esperan que durante el mandato de Cristina Kirchner, si no antes, comiencen a aplicarse las subidas de tarifas prometidas en diversas ocasiones desde 2001 pero nunca aplicadas. Las relaciones de ambas empresas españolas con el Gobierno argentino comenzarán a determinarse por la continuidad o no de Julio de Vido al frente del Ministerio de Planificación Federal. El futuro de De Vido será la primera señal significativa que enviará la futura presidenta sobre la presencia de las inversiones extranjeras.
Los mayores problemas los registra Aerolíneas Argentinas, propiedad del Grupo Marsans, que ha sido apercibido de sanciones por el Gobierno argentino debido a las deficiencias de servicio en un país donde, en muchas ocasiones, el transporte aéreo no es una opción más. Con una altísima tasa de conflictividad laboral -pulsada desde sectores próximos al actual Gobierno-, la compañía presenta una operatividad muy limitada, aunque el presidente de Marsans ya ha advertido esta semana en Santiago de Chile que su compañía "no se va nunca de ningún sitio".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007