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Análisis:EL ACENTO

Real Sociedad China

Un grupo inversor chino nucleado en torno a Lighthouse Consulting Limited, con sedes en Hong Kong, Shanghai y Pekín, se propone hacerse con el control de la Real Sociedad adquiriendo el 35% de las acciones del club donostiarra. El objetivo es sanearlo económicamente y devolverlo a primera división.

Hace 16 años

se publicó en la última página

de EL PAÍS

una lista de acontecimientos teóricamente imposibles que habían sucedido. Por ejemplo, que un veterinario madrileño que recogía manzanilla en el campo, irritado por el ruido que provocaba un helicóptero que sobrevolaba la zona, lo derribara de una pedrada. Otros hechos incluidos en la lista no resultarían hoy tan excepcionales, como la elección de un Papa polaco, o que el ex ministro de Información y Turismo de Franco Manuel Fraga saliera de pesca con Fidel Castro.

Que un ex electricista de Altos Hornos de Vizcaya, J. L. Corcuera, fuera nombrado ministro del Interior llamó la atención porque no había costumbre, pero más sorprendió la noticia de la boda en los años ochenta de Jesús Aguirre -el cura Aguirre de la década de los sesenta- con la duquesa de Alba. Pocos habrían pronosticado por entonces que el destino llevaría a Javier Solana a la secretaría general de la OTAN.

Con todo, nada tan increíble como la peripecia de Luis Roldán, de empleado en un taller de Zaragoza con currículo falsificado a director general de la Guardia Civil, y de ahí a la cárcel por diversos delitos; en materia económica, el récord de inverosimilitud derrotada lo tiene la organización de los ciegos, la ONCE, transformada de la noche a la mañana en una potencia financiera que compraba y vendía cadenas de televisión como quien lava.

Hace 16 años todavía se consideraba insólito que la Real hubiera contratado a un delantero centro bosnio, y nadie podía pensar que acabaría buscando orientación financiera en China; pero tampoco nadie hubiera augurado que una empresa de ese país, Petrochina, se convertiría esta misma semana en la mayor compañía del mundo, con un valor en Bolsa de más de un billón de dólares. ¿Será un rasgo de la globalización la abolición de lo increíble?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007