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Los ladrones se pasan al metal rojo

La Ertzaintza ha detenido este año a 81 personas por robos de cobre - "Alguien deberá compensar a los afectados", afirma el alcalde de Zaldibia

"Robos de cobre ha habido siempre. A nosotros también nos han robado varias veces en los últimos años. Lo que pasa es que ahora se están dando a gran escala y la repercusión está siendo mayor", afirma un chatarrero de Hernani. La oleada de robos de cableado telefónico, principalmente en localidades rurales de Guipúzcoa, que se ha intensificado los últimos meses a medida que crecía el precio del cobre en los mercados ha enfurecido a numerosos ciudadanos y empresas de esta provincia. La presión social ha conseguido poner en alerta a los equipos de investigación de la Ertzaintza. En Aia se han quedado ocho veces sin teléfono en las últimas semanas, tres en Zaldibia y dos más en Amezketa. Otros hurtos se han registrado también en Azkoitia, Beasain, Villabona, Gabiria o San Sebastián, entre otras localidades.

Telefónica no ha cifrado sus daños ni el coste de reponer el tendido

"Estamos indignados", se queja Luis, un vecino de Zaldibia: "Resulta que dos personas detenidas por robar 2.000 metros de cable son puestas en libertad. Y al día siguiente vuelve a desaparecer del mismo sitio el cable que acababa de poner Telefónica. ¿Cómo es posible que ocurra una cosa así?". El pasado fin de semana, la mitad del pueblo (1.500 habitantes) se volvió a quedar sin teléfono. Temen que la historia se repita. "Menos mal que se llevan el cable del teléfono. Imagínate si hacen lo mismo con el de la luz. Se queda el pueblo a oscuras. De esta forma, al fin y al cabo, podemos comunicarnos con los móviles", dice Pedro. "El de la luz no lo roban porque corren mucho peligro. Se pueden quedar fritos pegados al poste. Tontos no son", le sigue la conversación un amigo.

Los ladrones se exponen a pocos riesgos. Primero, consiguen herramientas, normalmente robándolas en obras. Con sierras, taladros o cizallas cortan primero el cable del tendido y separan después el metal del aislante de plástico que lo envuelve. Una vez extraído el cobre, ya está listo para venderlo en chatarrerías, desguaces, empresas de fundición o en el mercado negro, a unos 3,5 euros el kilo. La policía atribuye estas acciones a bandas organizadas y clanes familiares llegados de Europa del Este, principalmente de Rumania, aunque ahora también intervienen "pequeños delincuentes" que operan en grupos de dos o tres individuos. Han visto en el cobre un negocio fácil. Su revalorización en los mercados internacionales -a comienzos de la década se pagaba a medio euro el kilo-, por la fuerte demanda de China, convierte al metal rojo en un bien muy preciado.

Los robos han proliferado en los últimos meses y en muchas provincias españolas. La Ertzaintza ha practicado 81 detenciones por esta causa en lo que va de año: 37 en Vizcaya, 36 en Guipúzcoa y ocho en Álava, aunque ha sido en Guipúzcoa donde más cantidad de material se ha robado.

Telefónica no ha calculado los daños que ha sufrido, ni el coste de reponer kilómetros de cable y las horas de trabajo de sus operarios. "Nuestra prioridad es reanudar el servicio lo antes posible", asegura un portavoz de la compañía. "¿Y las pérdidas que han tenido las 12 o 14 empresas de Zaldibia?", inquiere el alcalde, Patxi Aierbe: "Alguien deberá compensar a los afectados. Algún descuento tendrá que hacer Telefónica". "Sin teléfono, nosotros no pudimos atender las reservas", dice Juan Mari Ruiz, del restaurante Arkaitzpe, de Amezketa, donde también se sustrajeron 600 metros de cable.

El mayor botín fue para unos individuos que se llevaron 1.200 kilos de cobre en Beasain. A finales de septiembre fueron arrestadas siete personas tras robar una tonelada en una chatarrería de Zarautz. "Nosotros no compramos cable robado, aunque hay quien lo hace", asegura un chatarrero guipuzcoano que prefiere ocultar su identidad. En las últimas semanas, la policía les está sometiendo a controles para comprobar las entradas de metal en sus negocios y aclarar su procedencia.

Interior está en "contacto permanente" con las empresas que pueden sufrir estos robos. El plan de acción que ha puesto en marcha se centra en las localidades donde más hurtos se han producido. Además de vigila¡r de forma casi permanente, los agentes están realizando "un seguimiento individualizado" de los posibles delincuentes, según dijo ayer Interior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007