Guionista de cómics y series de televisión, Juan Bas (Bilbao, 1959) comenzó a publicar libros a punto de cumplir los 40. Su carrera literaria se resume en nueve títulos en ocho años y el reciente Premio Euskadi de Literatura en Castellano por su última novela, Voracidad (Ediciones B). Satisfecho con el primer galardón que recibe con dotación económica, no esconde un pero: "El Gobierno vasco debía potenciarlo de puertas afuera, utilizar el premio como embajada del País Vasco para toda España".
P. ¿Por qué los premios valoran menos la comedia y el humor que el drama?
R. Sí, pasa tanto en literatura como en cine. El humor se considera de segunda división. Me parece un cliché bastante arbitrario. Puede haber tanta calidad literaria o más en una comedia muy negra o en un esperpento que en una tragedia. Es un tópico, pero es cierto: es más difícil hacer reír a la gente que hacer llorar. En Voracidad el humor es una parte del cóctel que subyace en toda la novela, pero no es esencial. También tiene una dimensión de horror equiparable a la del humor, pero quizá no se premie el humor porque no hay mucho donde escoger.
"Puede haber más calidad en un esperpento que en una tragedia"
"Los premios deberían ir a obra publicada. Son más justos y limpios"
"Una visión humorística puede ser más profunda, más lúcida"
P. ¿Hasta dónde puede llegar el humor?
R. Sin límites. Igual que la literatura, no creo que el humor deba tener limites éticos o morales. El límite lo tiene que poner el editor, si quiere publicarlo o no, y el lector, si quiere leerlo o tirar el libro. La literatura debe tener la patente de corso de ser todo lo incorrecta que quiera.
P. Sus novelas han sido calificadas como esperpentos.
R. Sí, en el sentido clásico de Valle-Inclán, que fue quien acuñó el término, en el sentido de espejo deformante. Lo que pasa muchas veces es que, como en Voracidad, con la España del PP, las sectas religiosas o los programas de televisión, no hace falta aplicar el cristal deformante, sino hacer simplemente un retrato, porque ya la realidad es bastante grotesta en términos naturalistas.
P. ¿Es más fácil satirizar a la derecha que a la izquierda?
R. Yo creo que se puede hacer de ambas. Consciente o inconscientemente, ahí están mis filias y mis fobias.
P. Se declara de izquierdas.
R. Exacto. Mi sátira va a la derecha.
P. ¿Lo dificil es reírse de uno mismo?
R. No. Yo creo que mi literatura tiene un fondo constante de reírse de sí misma, de los personajes y, en definitiva, de reírse el escritor de sí mismo. No lo eludo, pero me gusta más hacer sátira de la derecha, de los nacionalismos y de la Iglesia, porque ideológicamente estoy más enfrentado a ellos.
P. ¿Escribir humor depende de un estado de ánimo?
R. No, yo creo que es un determinado prisma de ver la vida, con cierta distancia, con relatividad, riéndote de todo y de ti mismo. Al fin y al cabo, tampoco es tan importante todo esto, es bastante risible.
P. ¿Significa que sea frívolo?
R. En absoluto. Una visión humorística puede ser más profunda, una disección más lúcida, que otra hecha desde planteamientos que se entienden más serios.
P. ¿Es distinto recibir un premio institucional por una obra publicada que recibirlo después de presentar un texto inédito a un certamen?
R. Sean o no institucionales, los premios deberían ir a obra publicada. Son más justos y más limpios. Todos sabemos que bastantes premios a obra inédita son utilizados por editoriales para potenciar a un escritor o para llevarse a un autor de otra editorial.
P. Voracidad es la segunda novela de una trilogía anunciada, que comenzó con Alacranes en su tinta.
R. Anunciada e inconclusa, pero después de Voracidad he escrito una novela completamente distinta, titulada El saxo es mi marido. Es un thriller. Mi agente está buscando editor. Quiero cerrar esa trilogía del exceso, con estas novelas independientes entre sí, pero con el mismo personaje, y con esa afinidad de tono, de humor, de esperpento, de tripular el exceso en todos los sentidos, formalmente y en el contenido. En la primera era el exceso barroco, exuberante, de alta gastronomía, de crímenes elaborados, de sexo; en la segunda voy por el lado del exceso del horror, la tortura, los comedores compulsivos, la voracidad como un sinónimo de la ambición desmedida. La tercera quizá, vaya al otro lado del exceso, al ascetismo. No lo sé todavía.
P. Con un perfil como el suyo, que hasta ha escrito un libro sobre la resaca, ¿podrá dejar de escribir sobre el exceso?
R. El Tratado sobre la resaca no es un libro dedicado al exceso. Es casi una novela de terror encubierta. ¿Quieres decir si abandonaré el exceso? La novela que acabo de escribir ahora es de trama, de historia, de personajes. Quizá hay un cierto exceso en ellos, sí. Están movidos por una pasión muy fuerte.
P. ¿Con cuántos Pacho Murga [el protagonista de Voracidad, un bilbaíno pijo y amoral] se encuentra por las calles de Bilbao?
R. Tanto como por la calle..., pero a lo largo de la vida me he encontrado con alguno o con personas que tienen rasgos del personaje. Gente aparentemente remilgada, snob, incluso cursi, en la que rascando un poco descubres un buscavidas amoral y arribista. E inevitablemente en novelas que escribes en primera persona, también tiene algo de mí, esperpentizado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de noviembre de 2007