El mundo del espectáculo hace tiempo que entró en la política en EE UU -¿o será al revés?-, tanto que actores famosos como Reagan o Schwarzenegger han llegado a presidente y a gobernador. Oprah Winfrey, la primera dama de la televisión americana, y la segunda mujer más admirada de EE UU después de Hillary Clinton, ha entrado en la refriega, no como candidata sino en apoyo del principal rival de ésta entre los demócratas que aspiran a la Casa Blanca, Barack Obama. Lo ha hecho en Iowa, donde en tres intensas semanas se celebra el primer caucus; en New Hampshire, donde tendrán lugar las primeras primarias, y en Carolina del Sur, de cuya universidad llenó el estadio de rugby con 30.000 personas, como poco, en su mayoría de raza negra, batiendo el récord de asistencia a un mitin político en EE UU. La mujer negra más rica del país quiere que Obama, con su "nueva visión para América" sea el primer presidente negro de EE UU. Le ha aportado mucho más que la ayuda de un cheque que se hubiera perdido en la inmensidad de lo recaudado por el senador por Illinois para su campaña: atención y popularidad. Pues el pasado fin de semana, todos los focos se han centrado en Oprah Winfrey y en él.
No era la misma de siempre, pues la famosa entrevistadora prefirió ceñirse a un discurso escrito que parecer improvisar, quizás porque la huelga de los guionistas sigue. Pero los actos en sí no fueron ninguna improvisación, sino una calculada táctica de los estrategas de Obama para que éste accediese a posibles votantes habitualmente más allá de sus circuitos electorales, y muy especialmente el voto femenino que no es particularmente pro-Hillary. El 70% de la audiencia del Show de Oprah Winfrey son mujeres, en su mayoría mayores de 50 años.
Eso sí, Oprah Winfrey, que dice haber votado tantas veces por republicanos como por demócratas, tuvo buen cuidado en no criticar a los rivales de Obama. Sólo habló de él, no de los demás, y menos de Hillary Clinton, cuya principal estrella invitada en estos días intensos es su propio marido, el ex presidente más popular de la historia de EE UU, y su hija Chelsea. Cada cual busca sus ganchos y su espectáculo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de diciembre de 2007