Los empleados de la empresa de transportes Comes se echaron ayer a la calle. Tras semanas encerrados en la negociación con la compañía, alrededor de 300 trabajadores recorrieron las calles de Cádiz en una manifestación que terminó frente a la terminal de autobuses. "Queremos que la gente nos vea, que se dé cuenta de que estamos inseguros", señaló Antonio Obregón, del comité de empresa.
Las diferencias sobre el horario de los empleados ha sido, precisamente, uno de los puntos que ha dado lugar a la huelga que comenzó ayer y que se prolongará durante todo el fin de semana. "La empresa no quiere aplicar la nueva normativa, vigente desde el año pasado, que regula los tiempos auxiliares de los conductores (descansos entre trayectos, viajes de regreso...) que no se incluyen en el cómputo de nuestra jornada laboral", explica Obregón.
La dirección de Comes se ha quejado de la actitud de los huelguistas, que bloquearon la puerta de las cocheras para evitar que salieran los vehículos. El gerente de la empresa, Julio Álvarez, culpó a los trabajadores de haber provocado con esta acción retrasos en los servicios mínimos. Hubo también otros incidentes: una decena de lunas de la flota de autobuses han resultado dañadas y un contenedor de basuras ha ardido cerca de las instalaciones de Comes.
El comité de empresa se reunirá de nuevo la próxima semana para decidir si retoman la negociación o programan nuevas acciones. Hasta entonces, sólo se cubrirán un 25% de los desplazamientos habituales. Los viajes de largo recorridos, los de servicio a escolares y a empresas se mantendrán. Alrededor de 50.000 personas se verán afectadas por esta huelga que, además, coincide con los Carnavales, fiesta en la que Cádiz triplica su población. Si las partes no consiguen llegar a un acuerdo antes del día 9 de febrero, la huelga se retomaría el próximo fin de semana.
La huelga de la plantilla llega después de que durante dos meses los trabajadores hayan protagonizado paros puntuales de entre cuatro y siete horas en días aislados. Se trataba de una medida de presión a la empresa, para ganar más fuerza en unas negociaciones que, por el momento, siguen sin prosperar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008