Tras dos horas y media de concierto ininterrumpido y siete bises, Aute, solo en el escenario, dejó su guitarra en el soporte y, cerrando los ojos, entonó a capella una estremecedora versión de Al alba. En el Palau reinaba uno de esos silencios que impresionan y la voz del cantante se rasgaba y se rompía con dolor. Momento épico que cerró una de las actuaciones más intensas, profundas y sugerentes que, en el maltratado mundo de la canción, ha vivido un escenario barcelonés en los últimos tiempos.
Fue un concierto emotivo que tuvo por protagonista a un jovencito cantautor que anda celebrando sus 40 años de canción. Sólo con ese Al alba final ya hubiera justificado esas cuatro décadas de trabajo, ese Palau que se sigue llenando en cada visita, ese público totalmente entregado, pero sólo fue la traca final. Los 150 minutos precedentes habían sido realmente intensos, cargados de esa poesía de lo cotidiano que reparte emociones a manos llenas.
Aute preparó su concierto como un repaso a esos 40 años de trabajo, recuperó canciones de diferentes épocas y puso el amor en primer plano. Un amor, eso sí, sin ningún tipo de barrera y en el que sensualidad y cinismo se dan la mano con total naturalidad. Habló menos que otras veces, recordó a Serge Gainsbourg y a John Lennon, puso a bailar sentado a todo el local y dejó alguna frase para el futuro (por ejemplo: "El peor enemigo de Dios es el Papa").
Vestido de negro, sentado sobre un taburete y escudado tras unas sencillas gafas dorada, Aute fue recuperando canciones que ya son historia sin haber perdido su esclarecedora actualidad: Pasaba por aquí, L'amour avec toi, Hafa Café, Slowly, Una de dos, Anda, No te desnudes todavía, El universo, Las cuatro y diez, De alguna manera, La belleza... un total de 28 temas en versiones directas y descarnadas, servidas por un Aute convincente como pocas veces que sabía transmitir cada sensación como si te la estuviera susurrando al oído. La palabra, convertida en poesía, tomó el poder sin violencia ni sobresaltos en una gran noche. Un pequeño grupo dirigido por el siempre magnífico Tony Carmona (soberbios solos de guitarra en Hafa Café y No te desnudes todavía) arropó de forma discreta pero sumamente eficaz al cantante en su recorrido vital y vitalista, que, esa noche como mínimo, fue también el de unos 2.000 barceloneses.
LUIS EDUARDO AUTE. Palau de la Música, 31 de enero.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008