Como consejero electo de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) -y por delante mi respeto y afecto a los compañeros en esta responsabilidad (artículo 18 Estatutos) y a nuestro presidente y amigo Carlos Sánchez-Reyes-, no puedo sino manifestar mi discrepancia con la declaración que un portavoz de la OCU ha hecho a ese digno diario el día 29 último.
El argumento en que se basa el portavoz de la OCU, consistente en la injusticia de que la devolución de los 400 euros favorezca también a personas de alto nivel económico, no pasa de ser una improvisación demagógica con respecto a un tema tan serio como al que atiende el programa del PSOE, resumible en la devolución de tal cantidad a los contribuyentes, descontando de la retención por IRPF.
Fue precisamente un socialista, Felipe González Márquez, quien frente a fáciles igualitarismos hacia abajo dijo "no me importa que haya muchos ricos con tal de que haya pocos pobres". El tema de los 400 euros nos ofrece la otra cara de la misma consideración: el firmante no lamenta -para utilizar un símil de la OCU- que el hijo de Botín pueda dedicar tal cantidad a una cena con unos amigos con tal de que ocho millones aproximadamente de hogares españoles de percepciones medias y bajas obtengan un desahogo, palpable cada mes, que puede, por ejemplo, compensar la subida de intereses en la hipoteca de su piso.
Pero hete aquí que en Estados Unidos, país origen de la no tan grave crisis, no obstante, la herencia miltonfriedmanista, se ha reacionado keynesianamente mediante un estímulo al consumo ¡inclusive con entregas en metálico a ciudadanos!
Que en una España con importante superávit presupuestario y una desaceleración refleja, por hoy suave, se estimule responsablemente ese consumo, parece encomiable. Que ante una cierta urgencia y no factibilidad de rebaja o retoque de tipos en IRPF (medida exigida de ley, no descartable en el futuro) se actúe genéricamente en beneficio de ricos y pobres, pero particularmente para evitar mayores dificultades a estos últimos, es algo a lo que me apunto, aunque mis queridos compañeros de la OCU pudieren tacharme a mí, militante socialista, de neocon.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008