Si rectificar es de sabios, la reposición es un acto de justicia. Y la justicia ya ha hablado. Nada, todo limpio en el hospital Severo Ochoa, como ya sabíamos los trabajadores, como lo sabía gran parte de la población. Los juicios paralelos que condenaron al doctor Montes y sus colaboradores deben de ser rectificados.
Después de marzo de 2005 la muerte fue mucho peor, también la vida. La vida de los pacientes y familiares, la vida de muchos profesionales del hospital que fueron ofendidos, insultados y perseguidos. Se intoxicó sin límite, se infringió un duro castigo a la sanidad pública. La inquina, la represalia y la revancha se adueñaron de algunos medios, de la Consejería y del Gobierno de Madrid.
Hubo torturas, sí, torturas psicológicas, porque torturar es amenazar con expedientes, cartas, sanciones, vigilancias, coacciones, ceses en puestos de responsabilidad. Y todo por el único delito de expresión, por decir alto y claro que todo ese proceso era un absurdo. Y ahora, qué, tras el auto judicial, ¿quién va a pagar el dolor y el sufrimiento de pacientes, familiares y profesionales? Ya no es hora sino de las responsabilidades políticas, que las hubo, y que se tenían que haber producido un minuto después de darse a conocer el auto.
El peor enemigo de algunos políticos incontinentes en su verbo son las hemerotecas y las fonotecas. Sí, señora Aguirre, usted dijo lo que dijo y está obligada a cumplir su palabra. De no hacerlo, ¿quién se creerá sus promesas electorales? La mentira y la insidia se han adueñado desde hace tiempo de ciertos políticos, y ahora se enrocan en sus antiguos planteamientos para desdecir el auto, para intentar convencer de que dice lo que no dice y que no dice lo que algunos quieren que diga. ¡Ni siquiera ya respetan a la justicia! Ya estamos acostumbrados, pero antes del pronunciamiento de los jueces, como en el 11-M. Lo inaudito, lo preocupante, es que ahora lo sea tras el fallo de un tribunal de justicia.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de febrero de 2008