21 miembros de una familia conviven bajo el mismo techo de sólo 45 metros cuadrados en el barrio de Babel de Alicante. Desde el pasado lunes, han colgado pancartas a la puerta de la vivienda, un bloque de casas protegidas en la calle Catedrático Soler, en las que demandan al IVVSA la entrega de VPO para procurar una "vida digna" a sus pequeños. Juana Asunción, de 44 años, y Manuel Íñigo, encofrador en paro, son los dueños. Desde hace tres meses acogen a sus vástagos, cuatro ya casados y con varios hijos cada uno. Cuentan que con el parón de la construcción todos los varones han engrosado las listas del paro.
"Cuando hemos tenido nómina hemos alquilado una vivienda. Pero ahora, sólo con el dinero de las chapuzas es imposible acceder a una casa", se lamenta una de las nueras de Juana, Tamara Cabello, de 21 años. Esta joven madre de cuatro hijos se vio obligada, hace tres meses, a reanudar por enésima vez la convivencia con sus suegros. "Esto es un auténtico infierno. Con tanto niño, aquí la tranquilidad se hace prácticamente imposible. Así que estamos todos muy nerviosos", apostilla la matriarca Juana. En total, son once los niños, el mayor tiene siete años y el pequeño varios meses, que viven en esta mini casa, en evidente estado de deterioro.
El salón de apenas 15 metros cuadrados se ha mudado en sala multiuso. Por la noche se convierte en dormitorio improvisado, donde los adultos se acuestan repartidos entre sofás y colchones supletorios que cada día se montan y desmontan. Respirar en una de las dos habitaciones se hace prácticamente imposible, cuando cada noche duermen ocho personas. "Es inadmisible que esto ocurra en pleno siglo XXI", agrega Tamara Cabello.
Todas las estancias están milimétricamente ocupadas por los bártulos para que todos los miembros puedan "en la medida de las posibilidades" comer y dormir con cierta holgura. Los carricoches de los niños se apilan, perfectamente encajados entre sí, encima de la mesa del comedor. La operación se repite con el resto de enseres. Poco más se puede hacer, apunta Tamara, otra de las hijas de 19 años. "Los chicos están prácticamente en la calle todo el día, porque es imposible estar todos aquí". Para Soraya Martínez, otra de las hijas de Juana que con 25 años ya tiene tres hijos, las circunstancias en las que viven sus hijos y sobrinos son "intolerables". "Angustiada" de vivir en esta situación de confinamiento y sentirse abandonada por las autoridades, la familia ha recurrido finalmente a los medios de información con la técnica infalible de la llamada de atención. Para ello, han empapelado la fachada del inmueble con pancartas donde narran su "calvario" particular. Las tres hijas y el hijo de Juana relatan los dos años que llevan en lista de espera para beneficiarse de una casa protegida.
"No nos hacen caso, ni el IVVSA, ni las asistentas sociales. Nadie nos escucha. Nosotros hemos seguido los pasos que nos indicaban para adquirir una VPO. Sin embargo, todavía seguimos sin vivienda", añade Soraya
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008