Presuntamente, los equipos se definen por los banquillos: entrenadores aguerridos, ofensivos, defensivos, esquemas timoratos, valientes, y demás etcéteras en los que se basa el análisis del fútbol. Javier Caparrós pasa por ser de los aguerridos y Unai Emery de los defensivos. La realidad en el estadio almeriense es que ambos equipos se parecen bastante, independientemente del esquema teórico que utilicen. Ambos tienen un delantero fuerte (Negredo y Llorente), un centrocampista fuerte (Melo y Javi Martínez), un centrocampista fino (Yeste y Corona) y el resto a correr y trabajar.
Otra cosa es la fortuna que adorna a los entrenadores o, si se quiere, su capacidad estratégica. Unai Emery vio que, tras una primera parte igualada, el Athletic se comía al Almería obligando a Diego Alves a una sucesión de intervenciones. Así, decretó dos cambios casi seguidos. Pues bien, entre Soriano y Ortiz se fabricaron el penalti indiscutible de Yeste. Soriano habilitó a Ortiz, que corrió y corrió con Yeste agarrando, empujando, siempre por detrás hasta que lo derribó. Negredo batió a Armando, que adivinó su intención, por centímetros.
ALMERÍA 1 - ATHLETIC 1
Almería: Alves; Bruno, Carlos García, Pulido, Mané; Melo (Soriano, m. 57), Juanito, Corona (Uche, m. 83); Juanma (Ortiz, m. 54), Negredo y Crusat. No utilizados: Cobeño; Rekarte, Guilherme e Iriney.
Athletic: Armando; Iraola, Ocio, Amorebieta, Koikili; Susaeta (Ustaritz, m. 89), Javi Martínez (Orbaiz, m. 68), Yeste, Gabilondo; Etxeberria (Aduriz, m. 72) y Llorente. No utilizados: Aranzubia; Garmendia, Muñoz y David López.
Goles: 1-0. M. 58. Negredo, de penalti. 1-1. M. 73. Llorente, de cabeza
Arbitro: Undiano. Amonestó a Armando, Ocio, Amorebieta, Susaeta, Yeste, Etxeberria, Orbaiz, Bruno, Mané, Melo y Juanma.
Unos 18.000 espectadores en el estadio de los Juegos Mediterráneos.
El Athletic había agobiado a Diego Alves, especialmente Gabilondo, que le disparo tres veces, de lejos, de cerca, a bocajarro, pero no consiguió superarle. El mérito de Alves fue compartido por el demérito de Gabilondo. Especialmente, el meta brasileño se lució en la primera mitad con tres paradas consecutivas, en la misma jugada. Primero despejando un saque de esquina, después un disparo a la media vuelta y luego un zurdazo bien dirigido de Yeste.
Al Almería le sobraba corazón, pero le faltaba cabeza. La fuerza de Melo no encontraba compañía en la sutileza de Corona, muy retrasado, poco participativo.
El Athletic se comió al Almería a base de orden, obligándole a jugar al contragolpe con la velocidad de Crusat y la fortaleza de Negredo, que apenas pusieron en apuros a Armando. El partido parecía condenado a la fortuna o al infortunio. Y la fortuna le sonrió primero al Almería, con el penalti de Yeste, y al Athletic después con el remate de Llorente.
Estaba claro que era el tiempo de los suplentes. Soriano y Ortiz fabricaron el penalti y Orbaiz dio el pase preciso que Susaeta tocó de cabeza para que Llorente, también de cabeza, batiera a Diego Alves. En esta ocasión, el portero paralotodo pareció despistarse un poco, aunque el remate fue tan cercano que disculpa cualquier actitud.
La salida de Orbaiz tuvo dos efectos: de un plumazo, Caparrós ganó dos jugadores: Orbaiz, con su faro habitual, y Yeste, de nuevo en su sitio, cerca del área contraria y no de la propia. Daba la sensación de que el Athletic quería ir con más efectivos a por el partido, que le urgía más la victoria que al Almería, que creyó encontrarla en una acción aislada y la perdió casi sin darse cuenta. La pudo recuperar al final con un cabezazo de Soriano y un agobio monumental en el área del Athletic. Habría sido un accidente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008