Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
TIEMPO MUERTO | NBA

¡Al fin sin muletas, ya empiezo a tirar!

¡Por fin! Esta semana me quitan las muletas. Estoy como una moto. Hace dos meses y medio que fui operado y, afortunadamente, los médicos, tras las últimas pruebas, me han comunicado que la recuperación del peroné es satisfactoria, que la curación de la necrosis va por buen camino. Se trata de una lesión muy particular y, en consecuencia, la evaluación debe ser continua [Garbajosa fue operado el 11 de diciembre para implantarle una placa en el peroné de la pierna izquierda, de la que ya había sido intervenido el 26 de marzo de 2007]. Las previsiones son optimistas. Tal como va la cosa, no tiene por qué quedar ningún tipo de secuela. Todo ello no quiere decir que mi recuperación sea inmediata, pero sí que los pasos que estamos dando son los más apropiados y que vamos en la dirección correcta. Somos muy optimistas.

Al no poder impulsarme con las piernas, no me dejan lanzar más allá de los tiros libres para no coger malos hábitos

Lo que más me pide el cuerpo es competir. Añoro esa sensación de disputar un partido duro y acabar cansado

Realizo muchos ejercicios en la piscina, medio sumergido en el agua. Se trata de ir ganando estabilidad en la pierna operada. He empezado también a pedalear en la bicicleta estática. Y ya puedo lanzar a canasta. Lo hago en la cancha. Eso sí, debo ir con pies de plomo, nunca mejor dicho. Mi prioridad es evitar la tentación natural de saltar para no cargar demasiado el pie malo. Tengo mucho cuidado en apoyar el peso del cuerpo sobre ambos pies. Son pequeñas cosas, pero me dan un impulso anímico enorme para seguir adelante. Los entrenadores me siguen muy de cerca. Suelo practicar bajo la supervisión de Jay Triano y Eric Hughes. Son escrupulosos. No quieren que varíe mi mecánica de tiro. Al no poder utilizar las piernas para impulsarme y cargar más los brazos, corro el riesgo de adquirir malos hábitos. Por eso todavía no me dejan tirar más allá de la línea de tiros libres.

Muchos jugadores lesionados tiran mejor que cuando no lo estaban. Dispones de mucho más tiempo para realizar ejercicios de muñeca y puedes dedicarte también más a los ejercicios de concentración. Por ahora, suelo lanzar unos 200 tiros cada día. No es mucho. Pero, en mis circunstancias, es una bendición volver a disfrutar de la sensación de lanzar a canasta aunque sea en las condiciones que he explicado. Según vaya pasando el tiempo, iré mejorando en ese y en todos los aspectos.

Lo que más echo de menos es sentirme dentro del equipo. Lo que más me pide el cuerpo es competir. Parece mentira, pero añoro esa sensación de disputar un partido duro, de tener enfrente un rival, de acabar cansado. Y lo que más echo de menos, por encima de todo y aunque parezca mentira, más que el juego en sí mismo, que también por supuesto, es volver a sentir las emociones y las sensaciones de antes y después de un partido. Por extraño que suene, me falta esa percepción de cansancio, de haberte vaciado físicamente en un partido, de notar los golpes, de tener que ponerte hielo para aliviar el dolor. Son cosas que, cuando no has pasado por lo que yo he pasado, jamás imaginarías siquiera que podrías echar en falta.

Me preguntan muchas veces si hay un partido determinado que me hubiera hecho especial ilusión jugar. Es difícil elegir uno. Pero tal vez el que ganamos en la pista de los Spurs de San Antonio. Son los campeones, yo estaba recién operado... Fue el partido que más me costó reconocer que no estaba en condiciones de jugar.

Suelo ver los partidos que disputa el equipo en el vestuario. Hasta ahora, muletas en ristre, no me sentía cómodo sentado en el banquillo. Además, los partidos son muy largos. De alguna manera, son horas que un lesionado como yo puede aprovechar para recibir tratamiento, para que un fisioterapeuta trabaje con la pierna lesionada. Eso es lo que he hecho hasta ahora: aprovechar ese tiempo para cuidar mi pierna.

Desde luego, lo peor ya ha pasado para mí. Cada vez queda más lejos aquel periodo de dolor, con muchas adherencias y cicatrices durante el primer mes posterior a la operación. Todo tenía que volver a su sitio y aquel proceso sí que me causó mucho daño. Ahora veo el final del túnel. Lo peor, por fin, ya ha pasado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008