Las últimas horas de José Luis Rodríguez Zapatero antes de su segundo cara a cara con Mariano Rajoy serán de repaso de su argumentario y de descanso. Ayer al mediodía, tras el mitin multitudinario en Zaragoza, voló a Madrid, donde almorzó en familia, descansó un rato y por la tarde se reunió en la sede electoral del PSOE con sus colaboradores. Esta mañana tiene previsto mantener otra reunión y aprovechar la tarde para pasear con su esposa.
Todo el material para utilizar en el debate ya está en sus manos: argumentos propios y para responder a los de Rajoy. También frases efectistas por si vienen al caso y recursos dialécticos para posibles sorpresas que le depare el contrincante. Pero, como dicen sus colaboradores, cuando esté frente a Rajoy él decidirá cómo maneja los hilos.
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Sus asesores saben que el presidente del Gobierno es bastante imprevisible, porque no siempre utiliza los argumentos que le preparan. Zapatero no suele leer, sólo se ayuda de algunas fichas, por lo que rara vez se ajusta al guión establecido.
Estos días ha escuchado los argumentos de sus colaboradores, ha estudiado la intervención de Rajoy y, sobre todo, ha examinado los fallos que ha detectado estos días en la campaña del adversario.
Todo apunta a que el debate será durísimo, aunque Zapatero tratará de mantener las buenas formas. No se sabe muy bien cómo le afectará el cansancio. Para algunos de sus asesores, el agotamiento de la campaña puede producir en el presidente una cierta desinhibición, que le llevaría a ser más contundente si Rajoy le ataca como la semana pasada a cuenta de las víctimas del terrorismo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008