Más de 3.500 personas, según la Policía Local, se concentraron ayer en Rianxo para manifestar su desacuerdo con la sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG) que obliga a derribar el taller de cantería Ramos por estar ubicado en suelo rústico.
El taller, sobre el que pesa una orden de cierre y un intento de precinto que fue evitado por los vecinos, "sigue trabajando porque la gente quiere trabajar", dijo su propietario, José Ramos. "No es que desafíe a la Justicia, siempre acaté las normas, pero estoy intentando trabajar y defender el pan de 16 familias".
El alcalde, Pedro Piñeiro (PSdeG), también se unió a la manifestación. "La sentencia es excesiva, deberían concederle una moratoria", lamentó. Aunque ofreció "todo el apoyo moral" a José Ramos, consideró que "hay que respetar y acatar la ley, aunque no se comparta".
Ramos "sólo" pidió "sentido común" en buscar una alternativa al derribo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008