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Entrevista:CÉSAR ANTONIO MOLINA | Ministro de Cultura y candidato socialista | ELECCIONES 2008 | Campaña electoral

"Debemos sentirnos orgullosos de que Galicia sea un bastión del PSOE"

A Coruña
Escritor y hombre entregado a la cultura antes que ministro, se reconoce en sus raíces republicanas y cree que la impronta gallega en el Gobierno de Zapatero ya ha dado unos frutos que aumentarán en la próxima legislatura.

Que el escritor, crítico y profesor César Antonio Molina (A Coruña, 1952), autor de más de una treintena de obras de narrativa, poesía o ensayo, fuese nombrado director del Instituto Cervantes entraba dentro de lo normal. Tampoco fue una sorpresa mayúscula que Zapatero le ofreciese el Ministerio de Cultura, en principio para ocho meses, ni que Molina aceptase. Lo de encabezar la lista del PSOE por A Coruña, con las obligaciones inherentes, sí que ha producido un cierto asombro, incluso entre sus allegados. El candidato viene de compartir tarima electoral con Felipe González. "Nunca pensé que podría compartir mitin con alguien a quien he admirado tanto, aunque tampoco nunca pensé que yo daría un mitin, así que es una doble sorpresa", comenta.

"Los errores del Gobierno han sido consecuencia del entusiasmo"

"Zapatero conoce muy bien Galicia, y tiene un gran afecto por todos nosotros"

"Los intelectuales y artistas siempre se comprometieron con su tiempo"

Pregunta. ¿Ya controla esos trucos como hacer pausas en tono ascendente para que la gente aplauda?

Respuesta. Los profesores tenemos una ventaja, porque aunque el público no sea tan gigantesco, también tenemos que suscitar su atención y seducirlo. Al principio me dio cierto vértigo, pero la responsabilidad me ha dado una gran tranquilidad, y hoy estoy bastante satisfecho.

P. ¿Cómo ve la campaña?

R. Llevamos cuatro años de campaña, porque los del PP no supieron perder. Habían hecho tantos engaños que yo creo que se los creyeron, y no asumir esa derrota les ha llevado a un acoso permanente y a una falta de sentido del estado que ha producido quizás la legislatura más dura de la democracia. Por eso creo que es importante que vuelvan a perder, para que asuman su derrota.

P. ¿Qué cambia pasar de espectador a protagonista?

R. He visto trabajar a todo un gobierno con entusiasmo, con sabiduría y a veces con errores, pero errores fruto del entusiasmo, por querer hacer bien las cosas. Ver cómo el ministro de Sanidad se ha batido para defender a unos médicos acusados de asesinato, cómo la ministra de Fomento se ha matado para que el AVE llegase a Barcelona. He visto a un presidente trabajar con ánimo, con optimismo de verdad, porque no son estereotipos, Zapatero es una persona de ánimo, de optimismo.

P. ¿Por qué aceptó entrar en la política?

R. Cada uno viene de sus propias raíces, yo provengo de una familia de tradición republicana, que pagó por ello, y siempre he tenido una posición política como la de ahora, aunque no la he manifestado. He seguido mi camino en el mundo de la cultura, y lo que sería raro en mí es que fuese ministro de Fomento. En el Instituto Cervantes sólo se daba castellano y hoy, catalán, vasco y gallego; se habían creado tres centros en cuatro años y yo creé 25 en tres años. Por eso un día Zapatero me llamó para ser ministro y otro para decirme que nos quería en las listas. Los intelectuales y artistas siempre han estado comprometidos con su tiempo y, sin intentar compararme, Cervantes estuvo en Lepanto, Garcilaso fue soldado, Víctor Hugo senador...

P. El PP considera que ese compromiso de los intelectuales es muy interesado...

R. Lo queramos o no, en España los intelectuales no es que sean de izquierdas, es que son gente crítica con el poder, y eso molesta, como molestó el "no a la guerra". Hemos llegado a semejante extremo que la derecha no respeta nada, ni a los creadores que admira todo el mundo, aquí y fuera. A nadie se le ocurriría que Sarkozy en su campaña se hubiese metido con la cultura francesa o Ángela Merkel con la alemana. Bush no se atrevería a meterse con la gente que asiste a la gala de los Óscar porque critican su política.

P. No parece una actitud muy patriótica para un partido conservador, desde luego.

R. No entiendo ese catastrofismo, ese antichovinismo que siempre hemos tenido los españoles, cuando hemos pasado de la penuria a ser admirados en todo el mundo por nuestros propios méritos. De niño jamás pensé que íbamos a vivir como vivimos. Los niños de la calle de la Torre jugábamos aquí [señala desde la ventana el muelle de transatlánticos del puerto de A Coruña] entre los bultos de los emigrantes que se iban a América, los que retrató Manuel Ferrol, y yo hacía cola para la gasolina que se usaba para la cocina de casa. Negar ese avance es de necesitar psiquiatra.

P. Grandes cuestiones aparte, en campaña hay un electorado concreto al que hay que prometer que el AVE llega, que las obras se licitan o se ejecutan...

R. Las infraestructuras son fundamentales y en esta legislatura, Galicia va a tener todas las preferencias en mejora de los aeropuertos, el puerto exterior, las circunvalaciones..., y sobre todo el AVE, pero no sólo con Madrid, sino con Portugal. Y todo eso va a llegar en esta próxima legislatura porque ésta anterior ha sido completar lo de Cataluña, la parte de Andalucía, avanzar por Castilla. Le toca a Galicia, a todo el Noroeste. Y yo confío en ello porque se lo he oído muchas veces al presidente, y el presidente es de aquí al lado.

P. Usted también es de aquí, pero en elecciones hay que demostrarlo, saber cuánto cuesta el coche de línea A Coruña-Santiago, por ejemplo.

R. Hice toda la carrera yendo a Santiago en Castromil. Lo que debe pensar la gente es que han tenido que pasar 70 años para que esta ciudad tenga un ministro, y que en ocho años el PP no nombró ninguno, ni siquiera lo hizo Franco. Creo que en esta ciudad me quieren, y por eso acepté, porque nunca estuve desvinculado de ella ni de Galicia.

P. ¿Por qué en esta ocasión el PSOE ha echado el resto en Galicia, presentando a dos ministros y al número dos del partido?

R. Galicia no es que tenga que ser oída en Madrid, es que ya es muy importante en Madrid. Hay tres ministros gallegos, Elena Espinosa, Elena Salgado y yo, y el secretario de organización, José Blanco, que tiene un poder tremendo. Creo que con Cataluña, es la comunidad con más presencia en el Consejo de Ministros. Y Zapatero conoce muy bien Galicia, y tiene un gran afecto por todos nosotros. A la salida del último consejo, me cogió y me preguntó que cómo iban las cosas por aquí...

P. ¿Y van...?

R. Yo creo que estamos en un buen momento con el presidente Touriño, que yo cada día lo veo más presidente, más centrado y más firme, y más imbuido de su cargo. Y que en Madrid haya una presencia tan fuerte de todos nosotros, no es que se vaya a ver, es que ya se ha visto, que se han duplicado las inversiones de la legislatura anterior. En estas elecciones, Galicia representa un bastión del partido socialista, y debemos sentirnos orgullosos de eso, de que no sólo sea el Partido Socialista de Cataluña quien tenga esa fuerza. Comparemos, como gallegos, la imagen del presidente Zapatero y lo que ha hecho por la convivencia y el respeto entre todos los españoles, y la imagen del candidato de la oposición, con sus taras lingüísticas y culturales, y con sus prejuicios hacia el sistema autonómico.

P. Me imagino que no será partidario de la supresión del Ministerio de Cultura que ha propuesto el BNG.

R. Yo respeto todas las opiniones, y ésa es una opinión más.

P. Las relaciones con su homóloga, Ánxela Bugallo, la conselleira de Cultura...

R. Homóloga, no. Mis homólogos son la ministra de Cultura francesa, el ministro Rutelli,...

P. Bien, con su compañera de gestión cultural...

R. Son unas relaciones normales, como con todos los responsables autonómicos. Con unos me entiendo mejor porque piensan como yo, y con otros procuro entenderme a pesar de que no piensan como yo. He sido muy cortés y muy caballeroso con la conselleira, que es quien tiene las responsabilidades de gobierno en mi lugar de origen. Una de las primeras llamadas que hice cuando me nombraron ministro fue a ella.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008