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Análisis:EL ACENTO

La caja fuerte del planeta

A Cary Fowler no le hizo falta que le llamara Dios, como a Noé, para advertirle de un cataclismo para que se le ocurriera crear un arca en la que salvar a las especies del planeta en el caso de que se produzca un desastre ecológico. En esta ocasión, no por la acción de Dios, sino por la del hombre o por causas naturales. Fowler es el secretario ejecutivo del Fondo Mundial para la Diversidad de Cultivos, el organismo que ha promovido la creación de un búnker en el Ártico a modo de gran arca de Noé, con más de 100 millones de muestras de plantas de todo el mundo que haga posible recuperar las especies en el caso de que se produzca un desastre. Esta caja fuerte del planeta se encuentra en la isla noruega de Svalbard. Si un cataclismo acabara con la vida vegetal del planeta o con buena parte de ella, los supervivientes podrían ir a por estas semillas. Así, no les haría falta esperar miles de años para lograr las variedades que necesitaran, ya que la inmensa mayoría de las existentes no se ha creado precisamente en siete días sino a base de cruces a lo largo de los 8.000 años transcurridos desde que nació la agricultura.

Cierto es que la mera creación de este búnker -situado a unas condiciones de temperatura óptimas, lejos de cualquier objetivo terrorista y en una zona de gran estabilidad sísmica- puede causar un cierto pavor por la desconfianza que refleja de unos humanos sobre otros, pero se trata en realidad de una gran idea. En la Tierra hay 270.000 especies de plantas identificadas y millones de variedades, pero sólo se cultiva una pequeña parte. Las razones tienen que ver con el clima, las preferencias del mercado o la dieta habitual en cada zona.

En el caso de que hubiera que variar los cultivos de la Tierra por el cambio climático, las plagas, modificaciones en las condiciones del suelo, o por ejemplo, descubrimientos científicos que revelaran nuevas propiedades de variedades poco usadas, se podría echar mano de otras acudiendo a la caja fuerte ártica. Además, esta idea sería extrapolable a los animales o incluso a las personas. ¿Por qué no guardar de forma similar óvulos, espermatozoides, embriones o material genético?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de marzo de 2008