Irak, Israel, Darfur, Líbano, Tíbet... Hamás, Hezbolá, las FARC, ETA... De hace unos días a esta parte me estoy cuestionando si sufro algún brote masoquista que me lleva a dedicar la primera media hora de todas mis mañanas a leer en este periódico sobre el devenir de un mundo cada vez más desolador. De pequeñito en la escuela me enseñaron que nos daban clases de historia para aprender del pasado y los errores cometidos, y con ellos construir una sociedad cada vez mejor. No soy capaz de entender que mi propia generación sea actualmente protagonista de este drama mundial bélico y cruel del que no parece atisbarse de ninguna manera un final feliz.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de marzo de 2008