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LA NUESTRA | Signos

De un sol a otro

"El sol estaba vinculado a la gente que trabajaba la tierra". Esta frase se oye en los primeros minutos del documental de Nonio Parejo La costa del sol. Un puro milagro español (Canal 2 Andalucía, noche del pasado lunes) y liga la historia de nuestra industria turística del sol a la que ya se había contado el lunes anterior en El oro dulce, otro extraordinario documento del mismo autor sobre el final del cultivo de la caña de azúcar en la costa granadina, y cuya base eran los testimonios de los trabajadores del campo. En las tres piezas de esta serie no se ha dejado de hablar del paraíso, de su destitución y aniquilación. Y esa alusión al sentido del sol en ambos casos me parece de una eficacia implacable.

Vayamos, antes que nada, a los valores puramente cinematográficos de este documental. Parejo utiliza casi exclusivamente un material de archivo que en este caso muestra un paisaje hoy imposible de reconocer e incluso de imaginar. Hasta las cortinillas que separan un segmento de otro son de época, y la banda sonora, también de entonces, se utiliza como pie rítmico que ayuda a entender la clase de euforia que acompañó el arranque de la explosión turística. Son especialmente esclarecedores los datos que se dan acerca de la mano de obra que trabajó en aquel tirón brutal de la economía de la zona. La hostelería se nutrió de gente que venía de la agricultura, analfabeta y desconocedora de las costumbres más básicas del aseo personal. Esa gente se hizo cosmopolita en las juergas a las que iba contratada, como cuenta el flamenco El Carrete, sin sueldo y a expensas de la propina. De cosmopolitas pasaron a consumidores (Parejo inserta publicidad de la incipiente televisión, joyas como el anuncio de las cocinas Corcho) y fueron los primeros en vivir el cambio de cultura y modo de vida que estaba cristalizando; cuando la abuela de uno de aquellos trabajadores veía a su nieto llegar a casa al alba y le decía que tenía que pensar en el mañana, el nieto le contestaba que ya venía del mañana.

El documental se cierra con una sentencia de Manuel Vicent que resume bien la línea argumental seguida por Parejo: "Qué barato hemos vendido el paraíso". A partir de ahí se puede iniciar una reflexión que, desde Doñana y Motril hasta Marbella, permita recuperar la diferencia entre desarrollo y progreso como una clave para entender lo que hemos hecho con esta tierra nuestra. El duque de Windsor fue el primero en quejarse de que aquí no había campos de golf. Luego vino el Príncipe, Alfonso de Hohenlohe. Y así hasta ahora.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2008