Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

"Ataca todo lo que nos enseñan"

Los estudiantes de Arquitectura recogen firmas contra el plan de El Cabanyal

"¿Lo de El Cabanyal es aquí?" Dos estudiantes se apean de sus bicicletas y sacan el boli de la mochila. Sus firmas figuran segundos después en unos folios que acabarán en manos del Ayuntamiento de Valencia con un mensaje sencillo y claro: el proyecto de prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar destruye una trama urbana histórica y singular, un conjunto histórico artístico protegido que Valencia no debe perder.

"Cargarse la trama de un conjunto histórico no es razonable", dice Ana

Los estudiantes piden un urbanismo "centrado en las personas"

Poco importa que el Tribunal Supremo afirme que el plan del gobierno local del PP es legal, que las máquinas ya pueden entrar en El Cabanyal y derribar 450 edificios, entre ellos algunos tan destacados como la Llotja dels Pescadors. Nunca es tarde para debatir alternativas, para opinar y protestar. Aunque el Ayuntamiento no escuche. Por eso, decenas de estudiantes de la Universidad Politécnica de Valencia se detuvieron ayer, y lo harán hoy, ante la mesa plantada en los jardines del Ágora del campus por el grupo Arquitectura se Mueve, creado hace unos años por estudiantes que buscan "mover y conmover", fomentar el debate y un espíritu crítico con el entorno que les rodea.

El plan municipal para El Cabanyal "no es el único posible", defiende Ana Peinado, estudiante de Arquitectura de 23 años, mientras coloca en la mesa el manifiesto que adjuntarán a las firmas contra el proyecto que parte en dos el barrio. Y añade: "Cargarse la trama de un conjunto histórico no es razonable".

El proyecto de la alcaldesa, Rita Barberá, ha sido objeto de análisis y discusión de las clases de arquitectura y urbanismo durante más de una década. "Académicamente es muy polémico, ataca todo lo que nos enseñan en la carrera", sostiene Sileno Català, de 25 años, miembro también de Arquitectura se Mueve. La idea de abrir Valencia al mar "puede tener beneficios para la ciudad, pero no tiene en cuenta en este caso el lugar donde se plantea", opina Sileno, que destaca que "hay otras soluciones" que no destruirían un conjunto arquitectónico protegido en "un barrio con un entorno social sensible". Y necesitado de una urgente rehabilitación. No son pocos los estudiantes que tras firmar el manifiesto denuncian que el Ayuntamiento ha permitido la degradación urbanística y social del barrio. "El Cabanyal merece ser conservado. En esta ciudad, en vez de rehabilitar, esperan a que se caiga un barrio", resumen Teresa y Lorenzo, estudiantes de Bellas Artes, que lamentan que el patrimonio artístico pueda perderse en favor "de más hoteles, de negocios y turismo". "Se degradan núcleos históricos, no hay cultura de conservación", abunda Paola Olivares, estudiante de Arquitectura de 22 años que se ha unido a la iniciativa de recoger firmas contra el proyecto.

La idea de dejar patente su oposición al plan y pedir un proyecto que regenere y reactive el barrio surgió en Arquitectura se Mueve a raíz de otro proyecto, el de fotografiar El Cabanyal que sigue en pie. Aunque aún hay quien confía en que al final no se derribarán 1.600 viviendas, esas imágenes "serán lo que quedará de El Cabanyal histórico", apunta Ana. El título del proyecto estudiantil no invita al optimismo: Réquiem por El Cabanyal.

El barrio marinero centra, además, una exposición fotográfica que se inaugurará el 15 de abril en la Casa del Alumno de la Politécnica. Es un proyecto de Cooperación Social Universitaria, que conoce bien el barrio, en el que los estudiantes de la organización trabajan con niños. También apoyan la recogida de firmas y un manifiesto que hace hincapié en que cualquier proyecto debe ejecutarse con una "planificación democrática, participativa y activa" que incluya a los vecinos para lograr "un desarrollo urbano que esté centrado en las personas".

No ha sido el caso de El Cabanyal, donde una vía rápida para llegar a la playa se impone a costa de una trama urbanística de sabor marinero que atesora algunos de los mejores ejemplos de arquitectura industrial del siglo XIX y de viviendas populares inspiradas en el modernismo. "Al menos hay que manifestar que estamos en contra. Puedes firmar aquí", dice Ana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2008