De 6.000 a 20.700 hectáreas de viñedos, de unas decenas de bodegas en los años ochenta a las 250 en 2008 y unos 8.500 viticultores dedicados a las viñas. Éste es el balance de los 25 años de la Denominación de Origen Ribera del Duero. El esfuerzo en 1982 de un grupo de bodegueros y viticultores ha desembocado en un reconocimiento internacional.
Ahora la DO quiere profundizar en el binomio cultura y vino y el aperitivo ha sido el II Congreso Internacional Ribera del Duero, recién celebrado en Aranda. Además de crear un premio internacional para cuentos en castellano, fueron tratados temas como la viticultura del siglo XXI, los nuevos mercados del vino, la huella de la barrica, hacia dónde va la cultura del vino o el cambio climático.
Distintos expertos abordaron temas polémicos como la figura de los fly-in winemaker (enólogos volantes que hacen vino en Australia, Chile, Nueva Zelanda o España), o el papel de los consultores vitivinícolas que asesoran viñedos por el mundo.
El doctor de las viñas, como se reconoce al australiano Richard Smart, tiene más de 200 clientes repartidos por distintos países, incluido España, a la que denomina "el mundo nuevo antiguo por la mentalidad abierta a la incorporación a las nuevas tecnologías, una de las más avanzadas". También se muestra optimista el catedrático español de ingeniería agrónoma Vicente Sotés: "España es el país que más futuro tiene en el mundo". "Defender nuestra singularidad" es, según el presidente de Ribera del Duero, José Trillo, "la mejor arma para luchar contra la estandarización del mercado global".
¿Y con qué arma se presentará Ribera en las copas? Muy buena, según la calificación oficial de 2007. La tipicidad de la Tempranillo (o Tinta del País) ha dado la talla en una añada complicada por las condiciones climáticas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de abril de 2008