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Crítica:La Lidia | Feria de la Comunidad

Ni en pintura

Anoche, todos los taurinos abrieron la libretilla ésa de anillas que llevan en el bolsillo de la chaqueta -la PDA es un invento tecnológico que no llegará nunca al mundo de los toros- y pusieron una cruz muy vistosa a la ganadería de San Martín, de encaste Santa Coloma: hundida, eliminada para los restos. Crudo lo tiene el ganadero para volver a lidiar en una plaza de medio pelo después de la corrida celebrada ayer en Las Ventas: "San Martín, ni en pintura", será un grito de guerra.

¿Mala? No; diferente, dificultosa; de otro tiempo, tal vez. Para toreros muy curtidos, pero una ganadería vistosa para el aficionado, de las que no aburren. Una ganadería no deseada por las figuras actuales, y, después de lo de ayer, por nadie.

San Martín / Vega, Bolívar, Morenito

Toros de San Martín, bien presentados y descastados; el cuarto, marrajo.

Salvador Vega: bajonazo (silencio); pinchazo, media -aviso-, dos pinchazos -aviso-, y dos pinchazos -aviso- (pitos). Luis Bolívar: estocada (silencio); bajonazo (palmas). Morenito de Aranda, que confirmó la alternativa: estocada (vuelta); dos pinchazos y estocada baja (palmas).

Plaza de Las Ventas. Último festejo de la Feria de la Comunidad de Madrid.

4 de mayo. Tres cuartos de entrada.

El toro de Santa Coloma luce una bella estampa, es proporcionado de hechuras, nada aparatoso de trapío ni descarado de pitones; los de ayer fueron mansurrones en el caballo, sin presteza en banderillas y llegaron a la muleta con cierto recorrido, un punto de nobleza y fijeza, pero ayunos de alegría, gazapones y listos. Y con guasa y picante. No admiten un error y exigen toreros sabios. Quizá por eso, triunfaba con ellos Paco Camino, el Niño Sabio de Camas. Lo que son las cosas. Dicho de otro modo: no es un toro para el toreo de hoy, que necesita el animal bobo, pastueño y obediente.

Pero no acaba aquí la presente historia. La corrida tuvo, además, su garbanzo negro, el cuarto, que volvió a los corrales después de que le tocaran los tres avisos a Salvador Vega. Era un toro precioso de hechuras, alto y abierto de pitones, que manseó en el picador, persiguió a los banderilleros y llegó al tercio final con la cara por las nubes -no humilló jamás-, violento, sin recorrido, con aviesas intenciones, tirando derrotes por doquier. El marrajo del año. El regalo envenenado le tocó a Salvador Vega, que venía a Madrid a relanzar su carrera y se ha encontrado con el drama de que le echaran un toro al corral. No es Vega un torero de batallas y el animal lo desbordó en todos los terrenos. Algún detalle de buen gusto dejó en el primero, aunque sin rematar, empeñado en no creérselo.

Triunfó, sin embargo, Morenito de Aranda, en la confirmación de su alternativa. No hubo faenas redondas, pero sí maneras de torero elegante y fino. No acabó de romper, pero dejó constancia de su calidad en verónicas cadenciosas y en tandas variadas de naturales largos y hondos. A punto estuvieron de fastidiarle la vuelta al ruedo seis espontáneos que se tiraron al ruedo con pancartas contra la tauromaquia y que fueron desalojados por la policía. Finalizado el incidente, también hizo alardes de valor y entrega Luis Bolívar, mejor en el quinto, en el que consiguió momentos brillantes. Pero, a pesar de la buena voluntad torera, lo dicho: San Martín, ni en pintura. Estén atentos...

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008