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Reportaje:El Madrid gana su 31ª Liga

Una novela de momentos

El camino del Madrid hacia el título se ha caracterizado por las apariciones y desapariciones de algunos jugadores clave

"Me ha gustado el comportamiento del equipo". No lo dijo Bernd Schuster, sino Mahamadou Diarra después de derrotar al Racing. Más allá del comentario del medio de Malí sobre el partido de Santander, el comportamiento de los blancos a lo largo de la temporada se merece un estudio. Más que altibajos en el juego, que también, el camino del Madrid hacia el título se ha caracterizado por relámpagos. Iguales a una descarga eléctrica pero de más duración. Tanto que se podría hablar de una Liga de momentos: el momento Robinho, el momento Guti, el momento Casillas, el momento Sneijder, el momento defensa, el momento Van Nistelrooy y los momentos Raúl. Como en una novela, cada uno de ellos ha ido protagonizando distintos capítulos. Y, cómo no, ha habido un final feliz. "El equipo ha tenido una base sólida gracias a la regularidad de tres jugadores (Raúl, Casillas y Guti). Todos los demás han sido bastante irregulares pero es por la cantidad de lesiones que hemos sufrido y que no ha sido normal", explica Manuel Ruiz, segundo de Schuster, refiriéndose sobre todo a las prolongadas bajas de Pepe, Sneijder y Van Nistelrooy.

"El equipo ha tenido una base sólida con Guti, Casillas y Raúl", dice el segundo técnico

Sneijder volvió a ver la luz al lado de Guti en el último tramo de la temporada

Raúl ha sido el hilo conductor de la novela blanca. Nunca ha salido de escena. Los demás han ido encendiéndose y apagándose. Es el caso de Robinho y Sneijder. También lo es el de Van Nistelrooy -pichichi el año pasado-, aunque su salida de escena, después de mes y medio sin marcar, se haya debido a una lesión. Guti ha sido la rana que se ha transformado en príncipe tras un castigo de dos meses y Casillas, por su parte, el héroe bajo palos. "Nunca había vivido un asedio tan grande", declaró el portero tras el partido en Getafe donde sobrevivió a un chaparrón de disparos (26). "Es el jugador más decisivo de la Liga", le alabó Víctor Fernández, que entrenaba al Zaragoza cuando éste visitó el Bernabéu a principios de enero. Esa noche, Iker paró once remates a puerta. Por entonces, Robinho había presentado sus credenciales: velocidad, regates, goles y, sobre todo, continuidad. Nunca había marcado tanto desde que llegó al Madrid (14: 10 en Liga y 4 en Champions). "Juego como bailo. Schuster me deja jugar con más libertad que Capello", declaró el brasileño tras el partido contra el Depor. Fue una semana después de concentrarse con la canarinha en Brasil, celebrar la victoria hasta el amanecer y regresar un día tarde. Robinho respondió entonces en el campo. No dejó de echar chispas hasta febrero cuando se lesionó.

Se arriesgó Schuster con el brasileño y también lo hizo con Guti, que nunca, en sus 13 temporadas en Chamartín, había disputado tantos minutos (2.354). Siempre había sido el hombre de las segundas partes o de los 20 minutos de las segundas partes. "Junto a Sneijder es el que tiene más fútbol, pero defensivamente tenía lagunas. Ha sido un riesgo pero Schuster ha querido asumirlo", sostienen en el cuerpo técnico. El 14 tuvo su momento de gloria contra el Villarreal (3-2) en el Bernabéu -Robinho le limpió las botas para agradecerle un pase sublime- y contra el Valladolid (7-1), en el que marcó dos goles y dio cuatro asistencias. Se reivindicó así delante del entrenador que le había sentado en el banquillo durante dos meses después de ser expulsado en Murcia a finales de noviembre. Igual que todos los demás, tuvo que volver a ganarse la confianza de Schuster. La misma que conquistaron Baptista y Sneijder. El brasileño aprovechó los dos meses en los que Guti estuvo en stand-by para reivindicarse. Y lo hizo en el mejor escenario: marcó el gol de la victoria en el Camp Nou tras una extraordinaria pared con Van Nistelrooy. Sneijder sufrió de intermitencias. Deslumbró a principio de temporada en El Madrigal con goles, regates y pases de extrema precisión, fueran de tres o 30 metros, pero luego se apagó hasta volver a ver la luz al lado de Guti en el último tramo de la temporada. Fue el holandés quien paró el autobús de Clemente en el Bernabéu.

"Schuster ha sabido gestionar el vestuario. Se han detectado a tiempo los momentos de bajón de cada jugador y se ha dado espacio a otros según los momentos de forma", explica Ruiz. Él y el cuerpo técnico lamentan no haber podido disponer de la defensa ideal (Sergio Ramos, Cannavaro, Pepe y Heinze) en más de tres ocasiones al mismo tiempo que defienden a Marcelo: "Ha madurado". No aceptan que el brasileño sea el ogro del cuento. Lo cierto es que el lateral izquierdo y los pivotes del centro del campo son las asignaturas pendientes del conjunto blanco para el año que viene.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008