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Reportaje:El Madrid gana su 31ª Liga

"¡Raúl, selección!"

Miles de aficionados celebran el título junto a su equipo en Cibeles

Fue que Raúl colocase el escudo, la bufanda y la bandera madridista a la diosa Cibeles y que la masa explotara. El capitán madridista, con la enseña española sobre los hombros, atravesó la pasarela instalada. La gente rugía: "¡Raúl, selección!, ¡Raúl, selección!". Y ahí estaba el siete blanco engalanando a la estatua de piedra contemplado por sus compañeros: Robinho, extasiado, agitando una bandera brasileña; Sneijder y Van Nistelrooy, la holandesa... Los demás, brincando descontrolados con bufandas azules del Madrid en la frente. Eran las tres de la madrugada. Y los aficionados, incansables, repetían lo mismo en lo que habían insistido toda la noche: "¡Campeones, oé, oé, oé!". Porque el Madrid había conseguido la 31ª Liga de su historia.

Un autobús descubierto recogió a los jugadores a la 1.30 en Barajas y llegó a Cibeles, a través del paseo de Recoletos, dejando atrás hordas de aficionados ensimismados por el título. Quién les iba a decir a ellos que sería ayer. A cinco minutos del final, en Pamplona, el Madrid caía por 1-0 ante Osasuna y nada hacía pensar que Robben e Higuaín fueran a remontar el encuentro. Pero así fue. Y el Madrid celebró su segundo título consecutivo desde hace 18 años. Una lluvia de confeti, blanco como la nieve, cayó sobre los hinchas mientras Raúl cumplía la tradición. No sólo la diosa, sino toda la plaza, se vistió anoche de blanco.

El gentío se congregó a miles. Algunos estaban allí a las once de la noche, recién terminado el partido. Ni el Relax, take it easy (Relájate, tómatelo con calma), de Mika, que sonó por megafonía a primera hora, logró apaciguar sus ánimos. Abandonaron los bares y caminaron hacia la fuente enarbolando banderolas y entonando su alegría. "¡Y, encima, el Barcelona nos hará el pasillo el miércoles! ¡Qué humillación!", recordaba Myriam, de 19 años, que compartía su malévolo regocijo con dos amigos.

Las fuerzas de seguridad repitieron el despliegue de la semana anterior. Más de 100 agentes municipales y otros tantos nacionales, 70 efectivos del SAMUR, ocho equipos sanitarios y tres vehículos medicalizados se apostaron alrededor de una plaza que estuvo cerrada al tráfico desde las nueve de la noche. Muchos jóvenes, familias enteras y algún que otro encorbatado se desgañitaron, cerveza en mano. No hubo pausa para el jolgorio.

"Es impresionante. Y mañana, a visitar el Bernabéu", afirmaba Shai, israelí del Maccabi e incondicional madridista. Los cantos no cesaban y recordaban al fallecido Juanito ("¡illa, illa, Juanito Maravilla!", a Raúl o a Higuaín. Y, entre el mar de aficionados, un capote. No el de Raúl, con el escudo del Madrid grabado, regalo del torero Ponce. Éste pertenecía a Julio, que lo depositó en el suelo con chulería madrileña. "¿El capote de Raúl? No, señor; éste me lo regaló Miguel Abellán". Y cuando alguien le recordó que ese matador es del Atleti, alegó: "Bueno, me lo perdonará...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008