Las expresiones de cariño y respeto al ex presidente Leopoldo Calvo-Sotelo llegaron ayer tanto por parte de grandes personalidades de la vida pública como de los ciudadanos que esperaron frente a la Puerta de los Leones del Congreso de los Diputados para visitar la capilla ardiente.
El féretro, al que seguían la viuda, Pilar Ibáñez-Martín, sus ocho hijos y sus nietos, entró "por la puerta grande" del Congreso, como subrayó el presidente de la Cámara baja, José Bono. En la puerta principal fueron recibidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa, junto a la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y el presidente del Senado, Javier Rojo, y Bono.
A partir de las once de la mañana se formó una cola para visitar la capilla ardiente. En un ambiente tranquilo, los ciudadanos fueron accediendo a partir de las doce y media al Salón de Pasos Perdidos para despedir fugazmente a "alguien que se sacrificó para que vivamos con libertad", como explicaba uno de los visitantes.
Los ex ministros Rodolfo Martín Villa y Marcelino Oreja o el ex presidente del Congreso Landelino Lavilla, compañeros todos de Calvo-Sotelo en UCD, estuvieron presentes, junto a otros políticos de la Transición, como Manuel Fraga. La ex ministra de UCD Soledad Becerril, actualmente diputada del Partido Popular, fue de las primeras en declarar que "la España moderna que está en las instituciones internacionales tiene mucho que agradecerle a Calvo-Sotelo". Declaraciones similares se sucedieron a lo largo de toda la jornada.
Muchos de los compañeros del ex presidente comparecieron emocionados ante la prensa para recordar su legado político. Pero, en consonancia con el carácter discreto del difunto, la mayoría evitó referirse a su vida privada. Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, uno de los siete padres de la Constitución, fue especialmente explícito: "Fue un modelo de prudencia y discreción después de abandonar la política"; añadió que "da mucha pena cuando se entierra a un amigo y a una época".
Sólo la ministra Mercedes Cabrera, sobrina de Calvo-Sotelo, abundó en aspectos de su vida familiar: "Fue una persona única en sus relaciones". Explicó que durante el viaje que realizó de Madrid a Londres tras conocer la muerte de su tío, tuvo tiempo para pensar en "momentos históricos y personales" que sirven para definirle como una persona "culta, inteligente con mucho sentido del humor, irónico y un excelente conversador" al que le encantaba contar historias.
El ex presidente José María Aznar visitó el Congreso acompañado de su esposa, Ana Botella. Al marcharse se cruzaron con la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, y se saludaron respetuosamente. En representación del ex presidente Adolfo Suárez acudió su hijo, Adolfo Suárez Illana.
Además de la vicepresidenta, numerosos ministros acompañaron a la familia en la capilla ardiente: el vicepresidente y titular de Economía, Pedro Solbes, Celestino Corbacho, Cristina Garmendia o Miguel Ángel Moratinos. El portavoz del PSOE en el Congreso, José Antonio Alonso, lamentó en nombre de los socialistas "el fallecimiento de uno de los grandes políticos de la Transición de España".
Como no existen precedentes del homenaje a un presidente democrático muerto, en el Congreso se vivieron algunos momentos de confusión. Por ejemplo, la de Mariano Rajoy. El líder del PP dudó de si debía entrar por la puerta principal o por la lateral. "No hemos automatizado todavía el mecanismo", reconocía una responsable de Protocolo del Congreso. Los políticos fueron entrando por una puerta u otra alternativamente, ignorando cuál les correspondía. Numerosos personajes de la cultura y la vida social acudieron también a dar el pésame a la familia. Entre ellos, el banquero Emilio Botín, los periodistas Luis del Olmo y José Oneto, el abogado Antonio Garrigues Walker o el restaurador Lucio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008