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Reportaje:

El año de la reactivación

El banco de cerebros de la UPV dispara su actividad desde 2007

El farmacólogo Javier Meana y su equipo de la Universidad del País Vasco (UPV) llevan más de 20 años recopilando en el campus de Leioa muestras de cerebros para investigar sobre enfermedades mentales. Sin embargo, fue a principios del año pasado cuando los medios de comunicación dieron a conocer esta iniciativa única en España y con apenas seis equivalentes en todo el mundo. A partir de entonces, el banco ha elevado su número de muestras de cerebros de alrededor de 600 hasta las 1.150. "Después de tantos años trabajando en silencio, no podemos estar más felices: tenemos trabajo, fondos y reconocimiento", celebra Meana.

La difusión de su trabajo ha doblado la llegada de muestras

El científico confía en que el convenio que la universidad pública ha empezado a elaborar este año con Sanidad propiciará "una estructura de investigación clínica coordinada" que beneficiará al proyecto. Con ese respaldo, Meana no descarta diversificar su actividad en el futuro a otras enfermedades como las neurodegenerativas (Parkinson o Alzheimer). Además, ha logrado la financiación máxima que otorgan las ayudas que el Departamento de Educación concede a los equipos de excelencia.

El investigador percibe que la UPV empieza a hacer suyo el proyecto: "Ha asumido que va a ser una infraestructura seria, una seña de identidad. Lo que nació como una iniciativa personal ya es un proyecto universitario", recalca.

El banco se ha visto reforzado por su participación en la Red de Enfermedades Mentales y Trastornos Afectivos y Psicóticos, dependiente del Ministerio de Sanidad, compuesta por 15 centros de investigación, universidades y hospitales de toda España. Y la ley de Investigación Biomédica, aprobada el pasado julio, da cobertura legal a los biobancos como el de la UPV. Entre 1985 y 2007, el banco recopiló 600 muestras de cerebros, la mayoría facilitados gracias a un convenio con el Instituto Vasco de Medicina Legal.

"Recogemos muestras de suicidios porque es un síntoma de enfermedad mental. Cuando empezábamos sólo llegábamos al 30% de las autopsias por suicidio, y hoy al 70%", aclara Meana. Este año han elevado la cifra de muestras recopiladas a un total de 1.150 y están recibiendo una media de una carta a la semana de personas con depresión, esquizofrenia o trastorno bipolar pidiendo información para donar su cerebro cuando fallezcan. Por esa vía, han cerrado dos donaciones durante el último año.

Para cada ensayo se utiliza una muestra de un gramo de materia gris, así que en teoría cada cerebro da para mil estudios, "pero procuramos almacenar muestras para contrastar futuras investigaciones", detalla el farmacólogo. A través de técnicas bioquímicas y moleculares, observan cómo funcionan las proteínas, cómo se alteran y ensayan en animales cómo devolverlas a su estado anterior. Luego colaboran con médicos clínicos para probar el hallazgo en humanos y con químicos para desarrollar fármacos.

Con toda esa actividad, han iniciado diversos proyectos de colaboración internacionales. Sus hallazgos con un grupo de EEUU sobre tratamiento de la esquizofrenia se han publicado en la prestigiosa revista Nature. Junto con la empresa de biotecnología vasca Progenika, pronto patentarán una proteína susceptible de ser manipulada en tratamientos de esquizofrenia y un ratón transgénico para utilizar como modelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 2008