El Lotus Theater, conocido como la sala Bailén 22, no pudo ayer abrir la sala de conciertos como tenía previsto porque el distrito del Eixample ejecutó un precinto de actividad. La orden está vinculada a una sanción de cuatro meses que fue impuesta a Bailén 22 cuando funcionaba de forma irregular como sala erótica.
Bailén 22 ha estado cerrada hace 15 meses por decisión de sus propietarios. En realidad, tras una operación policial y conociendo que el distrito había abierto expedientes sancionadores por las quejas de los vecinos. Todas se pueden resumir en una: la sala ejercía como prostíbulo encubierto con una licencia de café teatro.
En esos 15 meses de persianas bajadas han pasado muchas cosas. Una de ellas es que la sociedad Promociones Pendis 97 -que explotaba la sala erótica- fue comprada por el empresario del espectáculo Carlos Aparicio con el objetivo de convertir Bailén 22 en una sala de música y actuaciones en vivo y de nombre Lotus Theater. "He tenido varias reuniones con el gerente del distrito para explicar lo que queríamos hacer. La primera en octubre del año pasado, después para informar de las reformas de la sala. El 20 de mayo tuvimos otra reunión y el 28 otra más ya con la fecha de apertura y la programación. El local fue inspeccionado previamente para comprobar que todo estuviera correcto", explicaba el propietario a este periódico. También conocía que las sanciones antiguas contra Bailén 22 -una por actividad diferente a la que figuraba en la licencia y otra por tráfico de drogas- seguían vivas. De hecho, las recurrieron con la confianza de que el juez las levantara.
El miércoles pasado, la propiedad recibió la notificación del precinto de cuatro meses por la sanción impuesta por ejercer como sala erótica sin tener licencia para ello. Y ése fue el precinto que se ejecutó ayer por la mañana y contra el que recurrió la propiedad, que espera una decisión del juez en el plazo de 10 días. "Entendemos que la sanción está cumplida", decía Aparicio, que lamenta el perjuicio causado a la veintena de personas contratadas para la sala.
Assumpta Escarp, edil del distrito, argumenta que los actuales propietarios sabían que el precinto se debía ejecutar si el local abría de nuevo porque es lo que determina la ley: "La sanción recae sobre la sociedad y la licencia, y las dos son las mismas aunque el proyecto sea diferente. Será el juez quien decida finalmente si levanta la sanción o no". Escarp considera que si el Lotus Theater cumple todas las normativas -y no ocasiona molestias-, no puede haber impedimento para que abra.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008