Nyon. Sede de la UEFA. Las 10 de la mañana. Una mañana soleada en el lago. Michel Platini sale de una reunión matinal. Lleva el traje gris de la UEFA "porque es obligatorio para las reuniones oficiales". Dos o tres bromas para entrar en calor. Si Michel bromea, es buena señal. El humor está presente. "Espero que tenga al menos una buena pregunta para plantearme..." La estatura del presidente impone, pero su lenguaje sigue siendo espontáneo, agudo y ágil.
Pregunta. Hace más de un año, fue elegido presidente de la UEFA. ¿Qué sensaciones tiene ahora?
Respuesta. Es difícil de decir. En mi vida, he experimentado satisfacciones directas como ganar un título o una Copa con mi equipo. En ese caso, eres tú quien ganas. Como seleccionador, también vives satisfacciones indirectas cuando gana tu equipo. Ser elegido por la UEFA es una satisfacción indirecta. Te concierne, pero dependes de un voto. Cuando se dicta el veredicto, es una alegría propia de un político. La demostración de alegría es la de un hombre de 51 años. Forzosamente contenida. El Platini que ganaba títulos y estaba exultante tenía 20 ó 30 años menos.
"El principal peligro son los que invierten en el fútbol y están endeudados"
"Habría podido sentarme en el banquillo del Real Madrid"
P. Ser elegido es el principio de una aventura; ganar un título es un fin. ¿En qué momento le asaltó la ansiedad por el trabajo que tenía que llevar a cabo?
R. ¡Ah! Si uno no quiere ser presidente de la UEFA, con todo lo que ello supone, no hay que presentarse.
P. ¿Todavía le sorprende ahora haber sido elegido en contra del sistema establecido?
R. Era imposible de prever. Incluso en el momento del anuncio, no tenía ninguna certeza, por las muchas intrigas que hubo contra mí. Toda la organización de la UEFA estaba en contra de mi candidatura. El secretario general, algunos vicepresidentes, algunos directores, los patrocinadores, los alemanes... No tenía a casi nadie dentro que trabajara por mí. ¡Excepto yo!
P. Usted, que se ha alimentado de la competición, ¿todavía tiene oportunidades para hacer subir la adrenalina?
R. Es imposible encontrar las mismas emociones. Se puede comparar a lo que viví como copresidente del Comité Francés de Organización de la Copa del Mundo de Fútbol (CFO) de 1998, pero la diferencia es que, en el CFO, yo había escogido a los hombres que me rodeaban. Aquí, cuando llegas, encuentras gente, y seguirán ahí cuando te vayas. Pero era lógico que el secretario general, Lars-Christer Olsson, que hizo campaña contra mí, no se quedara.
P. ¿Se les perdona su desconfianza a los caciques?
R. Es lógico que defiendan su territorio. Yo fui a conquistar el poder. Si jugáramos juntos al fútbol, haría todo lo posible por ganar; pues bien, con ellos era parecido. Querían ganar. Conservar su popularidad. No estar a mi sombra. Una vez designado, todo se arregla. En el fútbol, todo el mundo apoya a su presidente. Hasta las próximas elecciones...
P. Unas zapatillas de fútbol, un silbato de entrenador, un micrófono de comentarista, un traje de directivo. ¿Qué cuesta más llevar?
R. (Silencio prolongado). Hay que ser masoquista para echarse cualquier peso a la espalda. Nada es pesado cuando estás bien acompañado. Cuando tienes un buen equipo, la vida es más fácil. Cuando estás en la Juve y sientes, visto el material que tienes a tu alrededor, que estás casi seguro de ganar, es más fácil que en Nancy, donde casi nunca ganas fuera. Como seleccionador, ganamos todos nuestros partidos de clasificación para la Eurocopa de 1992. Era fácil de llevar. Bueno, era precisamente la fase final de la Eurocopa. La organización de la Copa del Mundo, cuando estás rodeado de Fernand Sastre y de Jacques Lambert, es más bien cómoda. Aquí, es parecido.
P. Al final, en su vida nunca hubo nada muy difícil de soportar.
R. Es verdad, el destino me lo ahorró. Me permitió ganar títulos, dinero... Como comentarista en Canal+, fue un poco diferente. Intentaba contar a los jóvenes y a los educadores que veían los partidos por qué pasaba esto y no aquello. Era un pedagogo, lo que terminó por plantearme pequeños problemas de conciencia con los entrenadores. Cuando, al final, les hablaba en plan táctico, o daba explicaciones a su resultado, los ponía un poquito en apuros, porque si habían perdido, eso nunca se digería bien. A partir de entonces, prácticamente dejé de plantearles preguntas, y empezó a ser menos divertido para mí.
P. ¿Hubo autocensura, o le pidieron que se moderara?
R. Me hicieron llegar mensajes diciendo que ponía en apuros a algunos entrenadores. No eran ellos los que llamaban, ellos estaban contentos de verdad de debatir conmigo, pero me decían que después su presidente venía a verlos y les decía: "¿Por qué no has hecho esto?". Los chicos estaban jodidos...
P. Concretamente, ¿qué le falta desde que se estableció en Suiza?
R. Me faltan mis costumbres con mi familia y con mis amigos. Sin embargo, es bueno estar aquí y tener el poder. El poder de actuar.
P. El poder, ¿y la embriaguez que va con él?
R. No, siempre he tenido la oportunidad de ejercer el poder. Porque me llamo Platini. Estoy vacunado contra la embriaguez. La diferencia es que antes tenía el poder de decir. En la actualidad, tengo el poder de hacer. ¡Eso sí es embriagador!
P. Cuando jugaba en las calles de Joeuf, ¿se imaginaba un futuro distinto del de futbolista?
R. ¿Están enfermos, no? (Hace como si estuviera asombrado). Nunca. En realidad, nunca tuve nada previsto. Vivía la semana esperando ganar el partido del domingo siguiente. Y era la misma espera con los partidos que disputábamos en la calle todos los días. Ganar, siempre ganar. Vivía en mi pequeño mundo. Fue el destino el que lo hizo todo.
P. ¿Fue el destino el que le hizo cruzarse en el camino del Avvocato, el propietario de la Juventus, Giovanni Agnelli? ¿Fue él quién...?
R. (Se anticipa a la pregunta). Fue el Avvocato quién me dio el dinero y la libertad que eso supone. La filosofía también. Elegancia, corrección, simplicidad...
P. ¿Fue el Avvocato quién le da ganas de...
R. (Nueva interrupción). ¡No!, la libertad. La libertad de decidir que en la actualidad he ganado suficiente dinero para permitirme el lujo de poder hacer lo que me apetece. A los 32 años, cuando dejé la Juve, ya no buscaba un trabajo para alimentar a los míos. Después nunca he pretendido ganar más. Lo paré todo, la publicidad... No se me ve en las publicaciones del tipo de People... Y el destino llama a mi puerta. ¿Ser seleccionador? De acuerdo. Sólo después de mi partida empecé realmente a vivir. Una vez eliminada la prensa, pude disfrutar de mi tiempo, de los fines de semana. Empecé a salir. Fuera la presión. Me gustó. Entonces decidí que no volvería ya al fútbol en relación directa con el terreno, con los resultados. ¿Ser copresidente del CFO? De acuerdo. ¿Ayudar a Sepp Blatter en la FIFA? De acuerdo. Lo que me trajo adonde estoy actualmente fue la petición de Blatter, en 1998. Otro ejemplo: si Francia no llega a organizar el Mundial de 1998, mi trayectoria habría sido muy distinta. Al aceptar el cargo en el CFO, me negué a convertirme en entrenador de grandes clubes. Habría podido sentarme en el banquillo del Real Madrid.
P. ¿Ya está designado realmente como "padre espiritual" del fútbol europeo?
R. Mi primer papel es proteger al fútbol. Frente a las calamidades, perdón, más bien frente a la gente...
P. ¿Quién es esa gente?
R. El principal peligro son los que invierten en el fútbol y están endeudados. Y para salir de esta situación, quieren cambiar las reglas del juego.
P. Eso hace la gente.
R. No, sólo algunos. Pero son los más. Cuando el Manchester, asentado sobre un magnífico patrimonio, deja que lo compre un hombre de negocios que pide prestados 600 millones, ya no tienes ante ti un club cuya economía reposa sobre sus fondos propios, sino sobre un endeudamiento colosal. Así pues, esa gente se pregunta cómo ganar más. Organizando una trigésimo novena jornada de la Premier League y jugando en cualquier sitio. Es nuestro deber proteger los campeonatos e impedir que algunos hagan lo que se les ocurra. Si no, vamos a matar el fútbol.
P. ¿No teme que la Premier League, por su potencia financiera, termine por comerse al fútbol de clubes y que ella sola pase a ser de facto una Superliga?
R. Las que tienen que estar atentas son las asociaciones nacionales. El fútbol siempre ha estado ligado al dinero. En los años cincuenta, el Real Madrid era el más rico y ganó cinco títulos europeos del tirón. Luego fueron los italianos quienes tuvieron el dinero. En la actualidad, con los derechos de televisión, son los ingleses. Nada es invariable. Es una historia de ciclos.
P. El Arsenal juega habitualmente sin ningún inglés en el once inicial, eso debe de ponerle los pelos de punta.
R. No tienen entrenador inglés, no tienen jugadores ingleses, un día quizá no tengan ya un presidente inglés, como muchos clubes de la Premier. Entonces, ¿por qué siguen queriendo jugar en Inglaterra? Por otra parte, quieren jugar en el extranjero puesto que la Premier sueña con crear una trigésimo novena jornada del campeonato que se desarrollaría por todas partes en el mundo (se ríe).
P. Nos acercamos cada vez más a la desregulación total...
R. Quiero proteger la popularidad del fútbol. Hay abusos que no me gustan. Si algunas audiencias televisivas o la afluencia a los estadios bajan, es porque eso empieza a no agradar.
P. Quedará para la historia que usted ganó en 1985 en Heysel con el Juventus la más triste de las finales de la Copa de Europa.
R. Nada de suerte, ¿eh? Fue un auténtico partido, ganado de verdad, pero es la única Copa que no se entregó al capitán en el terreno de juego. Nos la dieron en el vestuario. Y yo no jugaba al fútbol para recibir una Copa a escondidas en un vestuario, en una noche dramática.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008