Cuando tuvo que abandonar el Gobierno catalán durante el primer tripartito, Joan Carretero proclamó orgulloso que regresaba a Puigcerdà, en el Pirineo, a la consulta de médico de familia. Pero la ambición y el maltrato que sufrió por parte de la cúpula de ERC -pagó con su cabeza la cuota republicana del cambio gubernamental- le pudieron. Auspició la revolución de las bases forzando a la dirección a pedir el no en el referéndum del Estatuto. Entonces descubrió su ascendencia, que mañana pondrá a prueba. Independentista convencido, sus enemigos le consideran la reencarnación del buen carlista. Fue autor de una comparación que hizo fortuna: la del tripartito de Maragall con la montaña rusa de Port Aventura, el Dragon Khan.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008