- ¡Ring ring!
- 061.
- Hola, necesitamos ayuda, hay una persona inconsciente que no respira en la Plaza de la Quintana.
- ¿La están reanimando?
- Sí
- Muy bien, vamos enseguida.
Iria cuelga el teléfono. Mientras tanto, Bea da un masaje cardíaco a la víctima y Andrea empieza con el boca a boca. La misma situación se repite en toda la plaza una vez tras otra. Primero, la llamada. Luego, la reanimación. Pero no hay teléfonos ni víctimas. 200 adolescentes de 12 a 16 años aprendían ayer técnicas básicas de reanimación cardiopulmonar. Los profesores por un día fueron 60 médicos y enfermeros del 061 que trataron de concienciar a los estudiantes de que los primeros auxilios justo después de una parada cardiorrespiratoria "pueden salvar la vida del afectado".
A Carlos, de 13 años, le "mola mucho" lo del masaje. Antes de empezar a practicar, la doctora de su grupo explica que deben presionar 30 veces sobre el esternón del paciente. "Pues los vigilantes de la playa no lo hacían así, daban cinco golpes y el tío despertaba", la contradice Carlos. Después, se "insufla aire a los pulmones". El llamado boca a boca. "¿Y si le contagiamos algo y se muere?", pregunta el alumno. Sin comentarios. La médica continúa la demostración y el tórax del muñeco se hincha. El aire "llega a sus pulmones", así que vuelta a empezar con el masaje cardíaco "hasta que llegue la ambulancia". Los chavales aprenden rápido y bien. "Si tengo una parada cardíaca, que me atiendan ellos, por favor", bromea el coordinador docente del 061, Juan Antonio Iglesias.
Los adolescentes acaban las prácticas orgullosos de saber "cómo salvar la vida a alguien", dice Iria, "que además, tampoco es tan difícil". "Pero da un poco de miedo", añade tímida Andrea. ¿Lo harán si les pasa de verdad a partir de ahora? Bea se lo piensa y rompe el silencio. "Es que no es lo mismo con un muñeco que con una persona".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008