Las decenas de personas que hace unos meses asistían en el cementerio de San Tomé de Piñeiro, en Marín, al entierro del singular hombre orquesta John Balan, quedaron sorprendidas de la despedida que el padre Rubén Aramburu dedicó a este artista entrañable. Dando una palmada en el ataúd, le dedicó una última frase digna de un western: "Buen viaje, forastero".
Entre los sorprendidos asistentes al entierro estaba el actor Miguel de Lira, seguidor incondicional de Balan. "Me sorprendió esa despedida, pero también cuando lo vi llegar, con pinta de heavy de pueblo, y al poco rato lo vi vestido de cura. De todos los que había en el entierro, era el que menos podía parecer el cura", bromea De Lira, que recuerda con agrado la homilía en gallego que pudo escuchar por la megafonía de la iglesia, "donde hablaba de Balan como un cowboy libre cabalgando entre bosques autóctonos y criticando los bosques de eucaliptos".
Hizo un nacimiento con el niño Jesús en un capacho de los del chapapote
Fascinado con el personaje, a través de su amigo el músico Tonhito de Poi, el actor contacta con el Padre Rubén, y juntos, con la realizadora Lara Bacelo, hacen una pequeña pieza documental para homenajear a John Balan. En el documental aparecen varios de los que fueron vecinos del artista pero, sobre todo, hay un momento que no tiene desperdicio: un videoclip donde aparecen Miguel de Lira, Tonhito de Poi y el Padre Rubén Aramburu cantando en el campanario de la iglesia románica de San Tomé de Piñeiro. Cada uno toca un instrumento, y el Padre Rubén interviene de fondo con algún sutil toque de campana.
"Lo del campanario fue sugerencia suya, y nosotros encantados. Como estábamos preparando un homenaje a Balan en la sala Nasa, decidimos invitarlo a participar en el espectáculo y fue apoteósico", indica Miguel de Lira. Los cientos de personas que desfilaron durante tres días por esta sala alternativa compostelana observaban incrédulos cómo el cura, que al principio aparecía en una pantalla gigante oficiando el entierro de John Balan, salía unos minutos después al escenario vestido de cowboy cantando con Tonhito de Poi y Miguel de Lira el tema Los lobos de la forestal, cuya letra combina todos los títulos de la peculiar filmografía que había inventado John Balan.
En la preciosa casa rectoral vive el Padre Rubén, entre pegatinas de Nunca mais y No a la guerra, y retratos de Castelao que delatan la actitud combativa de este sacerdote. Tras una época impartiendo clases en el seminario menor de Santiago, este coruñés de 40 años llegó a San Tomé de Piñeiro hace diez años. Al poco tiempo de llegar, se encontró con un personaje que no podía pasar desapercibido. "Fui a un entierro y el tipo que abría la comitiva llevando la cruz, iba vestido con unas botas camperas, estrella de sheriff y sombrero de cowboy. Te preguntas '¿qué hace este tipo así vestido en un entierro?' Así conocí a John Balan", rememora el Padre Rubén, quien añade que "en esa época Balan ya no estaba muy boyante y llevar la cruz en los entierros era una forma de ganar algo de dinero".
Mientras el sacerdote cuenta la historia, el timbre de la casa rectoral, buen indicador de su frenética actividad, no para de sonar: desde la comprobación de unos papeles de la asociación de montes, hasta los huevos que trae una vecina, y que el cura entregará en una casa de acogida de mujeres inmigrantes que las monjas tienen cerca de su parroquia. Y por el medio, un dálmata juguetón, de nombre Pinto. "El perro era de Lorenzo Mariño, el cura de Aguiño, un pionero de la galleguización de la liturgia, un buen amigo que se murió hace cuatro años", explica Rubén Aramburu. El fallecido cura de Aguiño fue uno de los más reivindicativos en los duros momentos del Prestige, época en la que el Padre Rubén también estuvo muy activo e incluso se hizo un nacimiento en su parroquia en el que el niño Jesús estaba en un capacho de plástico de los de recoger chapapote.
Justo al lado de la casa rectoral está la Iglesia románica de San Tomé, en la cual oficia el Padre Rubén, y donde se veneran figuras que todavía no han recibido la aprobación del Vaticano como Monseñor Óscar Romero, asesinado en 1980 en El Salvador. "Todavía no es santo pero tendrá que serlo en breve".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008