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Necrológica:

Christine Fersen, reina de la Comédie Française

Su repertorio eran los grandes clásicos

Era la gran especialista de los papeles trágicos de la Comédie Française. Ella era Maria Tudor, Lucrecia Borgia, Medea, Maria Estuardo, Jimena o madame Irma. Una voz ronca, una cabellera pelirroja, unos ojos claros y un temperamento de fuego. El teatro era su vida y ella decía "debérselo todo al teatro".

Había nacido en 1944, en una barriada parisiense, hija de trabajadores. "Lo que viví no tiene nada que ver con el tópico de la familia pobre pero alegre", decía. Muy pronto descubrió que "la pobreza de la gente se acompaña demasiado a menudo de pobreza de palabras". Y ella quiso enriquecer su vocabulario. En la escuela primero, en el conservatorio luego. De la mano de un gran veterano como Fernand Ledoux.

En 1965, a los 21 años, entra en la Comédie Française que se convierte enseguida en el hogar que no había tenido. Nunca lo abandonará. El repertorio de los grandes clásicos -Corneille, Racine, Molière, Victor Hugo, Shakespeare- eran sus compañeros. A veces dejaba el registro trágico y ofrecía como nadie la imagen de la melancolía en Il Campiello, de Goldoni. O sabía adoptar una rigidez germánica para ser la protagonista de La plaza de los héroes, la obra de Bernhard que figura dentro de la lista de montajes de referencia de la principal institución dramática francesa.

Christine Fersen se llamaba en realidad Christiane Boulesteix, pero adoptó el apellido de su madre. Del padre tenía un mal recuerdo, el de un hombre derrotado por la vida, que nunca pudo borrar de su memoria la servidumbre a la que se vió sometido en un campo de trabajo alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Ella abandonó el domicilio familiar tras un violento enfrentamiento político con ese padre acobardado, que defendía el poder frente a los partidarios de la independencia argelina.

Entre los grandes directores con los que había trabajado figuran Velére Novarina, Olivier Py, Georges Lavaudant, Luca Ronconi, Claude Regy, Jacques Lassalle o Bob Wilson. Este último la escogió para que fuese La Fontaine en su adaptación al escenario de las célebres fábulas.

La muerte la encontró en su casa, en forma de una caída, el pasado lunes. Quedará de ella su imagen eléctrica, su capacidad para llenar la escena y ahora, gracias a la política de grabación de todos los espectáculos, también la podremos seguir viendo gracias a numerosos DVDs.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008