Por suerte, la designación de las sedes olímpicas se rige por criterios menos aleatorios que los de la canción de Eurovisión, por lo que la candidatura de Madrid para los Juegos de 2016 tiene posibilidades de ser la ganadora, siempre que la euforia del somos los mejores -dicho a ritmo de Manolo el del bombo- no tenga el efecto contraproducente que suele para la selección nacional de fútbol en los torneos internacionales.
La capital de España es una de las cuatro seleccionadas, con la segunda mejor puntuación, tras Tokio. Con la particularidad de que es la mejor valorada en seis de los 11 parámetros considerados, incluyendo el que mide el apoyo de las autoridades y de la opinión pública del país.
Hace tres años, cuando se dilucidaba la sede olímpica de 2012, ganó Londres. La coalición entre el primer ministro Tony Blair y el ex mediofondista Sebastian Coe, que presidía el comité correspondiente, consiguió levantar una candidatura que un año antes había estado a punto de derretirse.
Nada definitivo está, por tanto, jugado. La favorita de entonces, París, no compite esta vez, después de tres intentos fallidos; tal vez porque se reserva para 2020, en aplicación del criterio de alternancia continental según el cual, tras Pekín y Londres, le tocaría a América y sólo después de nuevo a Europa. Es un criterio con excepciones y, por otra parte, el alcalde de Madrid ha teorizado con ingenio que a la hora de la globalización lo geográfico es menos importante que lo cultural, y que, tras las grandes culturas china y anglosajona en 2008 y 2012, lo lógico sería una candidatura latina; y en ese caso Madrid sería la mejor situada de las finalistas, dada la baja puntuación de Río.
Hace un cuarto de siglo, Los Ángeles fue designada sin oponente, y esta vez ha habido siete candidatas: hoy se considera una oportunidad para la modernización de la ciudad sede -ejemplo: Barcelona- además de un buen negocio.
Aunque Tokio parte desde la pole, la tercera, Chicago, subiría muchos puntos si Barack Obama, senador por Illinois, llega a la Casa Blanca. Con todo, suele considerarse que en el sprint lleva ventaja el corredor que lo inicia desde la segunda posición.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 2008