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Reportaje:

50 citas y una montaña

La Nit Blanca se instalará en la agenda de Barcelona

Recién salida de la ducha, una joven con cara de sueño regresaba ayer a desayunar a casa después de comprar el pan. Era casi la una del mediodía, y, móvil en mano, explicaba animadamente a su interlocutor los detalles de la noche anterior. "Primero proyectaron una película, y hacia la medianoche empezó el concierto. Fue genial, una pasada". Como ella, muchos barceloneses respondieron calurosamente a la convocatoria de la Nit Blanca, que convirtió la noche del sábado al domingo en una dilatada cita gratuita con la cultura y el ocio.

Organizada por el Ayuntamiento de Barcelona al estilo de las organizadas en otras ciudades europeas, con el reclamo autóctono de Montjuïc de Nit y un presupuesto de medio millón de euros (sin contar las aportaciones propias de los 24 espacios anfitriones), la cita concentró más de medio centenar de maneras de invertir la velada sin abandonar la montaña. Más allá de adjetivos como "masiva", no hay datos oficiales sobre la afluencia. La entrada libre y la diversidad de la oferta se aliaron para servir el éxito.

La entrada libre y la diversidad de la oferta se aliaron para servir el éxito

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Hubo público para todo. El Grec, en el que días atrás abundaban los asientos libres para asistir a las refriegas entre griegos y troyanos recreados por el espectáculo Andròmaca, vivió un lleno absoluto. Allí actuó la Orchestra di Piazza Vittorio, una formación plurinacional con sede en Roma que enfilada ya la madrugada convirtió el anfiteatro en una sala de baile, con muchos espectadores en pie, aprovechando el escaso espacio libre entre las filas de asientos para seguir con sus cuerpos el ritmo de los músicos. Dos horas más tarde, un todavía abarrotado foso del castillo de Montjuïc, revivía sonidos propios del fervor olímpico gracias a Los Manolos, que prometían lazos inquebrantables con su clásico rumbero Amics per sempre. No fueron los únicos guiños a la memoria de Barcelona 92. La Nit Blanca se celebró también en el estadio olímpico, donde, 16 años después de inaugurar los juegos, Comediants y La Fura dels Baus se reencontraron entre pirotecnia y figuras aéreas.

Entre música, artes plásticas y visuales, teatro, poesía y deporte había tanto por elegir que la decisión se complicaba por momentos. El picoteo a discreción era una forma de degustar el menú. "Creo que ésta es una noche de descubrimientos, de primeras veces. Espero que sea también una manera de despertar la curiosidad y propiciar segundas visitas", resumía el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, bien avanzado el programa. "Pero sobre todo es una forma de potenciar la visión de conjunto de Montjuïc", concluía.

La noche acabó, pero la herencia queda. En forma de arte urbano, con el inmenso grafito que decora desde ayer una de las plantas del aparcamiento situado en la falda de la montaña. En el recuerdo de las personas que acudieron a disfrutarla. Y en el propósito de instaurarla como una cita habitual en la agenda de Barcelona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2008