"No tenemos médicos para tanta población", admite entre suspiros el trabajador que coge el teléfono en el centro de especialidades Coronel de Palma, en Móstoles, que atiende a 215.000 habitantes. La pregunta era por qué están dando citas de traumatología para noviembre. Luz María Sánchez, de 45 años, sabe bien que hay falta de personal. Fue la explicación que le dieron cuando pidió cita para el traumatólogo. El 19 de noviembre a las 10.36, se lee en el papel. "Pensé: esto es una broma. No puede ser. Y mientras, ¿qué hago?", relata.
Pero es. Resulta que la radiografía que tiene que ver el especialista se la han hecho ya, el 16 de junio. Pasarán cinco meses hasta que le digan qué le pasa en la planta del pie. Y eso la enciende: "Es que nos quejamos poco y aguantamos mucho", resopla.
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Mientras tanto, Luz hace lo único que se puede hacer cuando algo duele y no hay quien lo cure: se automedica. A partir de lo que le recomendó su médico de cabecera, va tomando analgésicos y antiinflamatorios. Cuando le duele, una pastilla. Y así va tirando en su trabajo -es psicóloga en un centro médico- y en todo lo demás. "Tengo que andar sin apoyar mucho el talón. Y de tanto pisar mal, ahora ya me están doliendo también el tobillo y los músculos de la pierna", se lamenta. "No puedo caminar mucho rato seguido. Doy dos pasos y ya tengo que descansar". Y así cinco meses más.
"Tengo una pregunta para doña Esperanza: ¿qué hago todo este tiempo con mi pie? Me gustaría que me dijera qué haría ella en mi lugar. Quizás acudir a la sanidad privada", contaba Luz en una carta a este periódico. No era su intención, pero ahora se está planteando ir ella también a un médico privado. "Porque va a ser lo más rápido", afirma resignada.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de julio de 2008