GENARA BLÁZQUEZ / MATONA. En algunas discotecas selectas del norte de Europa se ha puesto de moda una figura que está llegando a la élite de los clubes de ocio en España. Se trata de mujeres que profesionalmente se dedican a ahuyentar clientes indeseados. Esta profesión, durante años ocupada por los hombres, necesita un nuevo vocablo: matona. "La Real Academia ya lo acepta, o sea que no es una palabra nueva, pero sí que es verdad que no es de uso corriente. Mucha gente dice todavía: la matón". Genara Blázquez es matona, y trabaja en una discoteca de prestigio internacional.
-¿Qué prefieres: matona o la matón?
-Sin ninguna duda, yo prefiero matona antes que la matón. Me parece de chiste: la matón. Es poco serio. Con mis colegas discuto mucho, porque es verdad que cuando la peña dice: me dio de hostias el gorila de la disco, no dice el gorilo, dice el gorila, pero porque ya estamos acostumbrados, y además un gorila es un gorila, como un coche, que no es cocho. Yo estoy con la ministra: prefiero que digamos matona.
-¿Y cómo son las discusiones con sus colegas? ¿Utilizan ustedes argumentos poderosos?
-Ja, ja, sí muy poderosos. Pero le digo una cosa: entre mis colegas nadie dice la matón.
-O sea, que las discusiones las gana usted.
-De largo. Muchas horas de gimnasio. Muchos de mis colegas tíos piensan que sólo por ser tíos y enseñar musculito, vale. Y no vale.
-¿Aumenta su trabajo en verano?
-Mire, el verano es para vivirlo. La gente lo disfruta. A veces lo disfruta demasiado, y mi trabajo consiste en poner las cosas en su sitio cuando se desmadran. Paf paf. Un par de hostias bien dadas cuando no bastan los gritos.
-Tiene usted fama de ser un auténtico ogro.
-Gracias. Es verdad que, siendo mujer, tengo que arrear más.
-¿Por?
-Por muchas cosas. La gente se siente menos intimidada ante una tía que ante un musculitos, por más que la tía le pueda partir la cara de un revés. Él no lo sabe.
-O ella.
-O ella. Eso es. Entonces, como no se intimida a la primera, pues llegan los malos rollos.
-Paf, paf.
-Sí, paf paf.
-Pero tiene usted fama de pasar del paf, paf al paf paf paf, patapaf, repaf.
-Bueno, la fama... De lo que se dice de cada cual a lo que hay de verdad... Sí le digo una cosa: es verdad que las mujeres, en nuestra profesión, tenemos muchas veces que demostrar el doble. ¿Le contesto con sinceridad? Sí. Yo doy unas palizas de aquí te espero, porque si pegas poco, parece que has sido compasiva por ser tía. Si hay que partir un hueso, se parte. Y yo, por ser mujer, parto dos, ¿vale? Para que no se diga. Lo siento por el dueño del esqueleto.
-O la dueña.
-O la dueña. Sí. Es injusto, ya lo sé, pero la historia es la que es. Yo no me he inventado siglos de machismo.
-¿Su jefe es un hombre?
-Sí.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2008