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COLUMNA

La rumbosa austeridad

Con esta espiral de anuncios de políticos que se van a congelar el sueldo debido a la crisis económica se podría escribir un artículo demagógico estupendo. Este artículo podría empezar diciendo que la mayoría de los ciudadanos estarían encantados de tener también el sueldo congelado y no digo un año sino hasta una década, siempre que su salario fuera igual al de un alto cargo de cualquier administración. Que se lo pregunten a los 24.551 ciudadanos a los que en agosto se les congeló no sólo el sueldo sino el trabajo entero. A ésos que pasaron a engrosar la lista de 613.000 andaluces en el paro, una cifra que no se conocía desde hace más de una década. Aunque es verdad que la mayoría de los políticos cobran menos como cargo público que un ejecutivo de cualquier empresa, también es cierto que sus emolumentos y sus ventajas están muy por encima de los que tienen la mayoría de los ciudadanos. Por ello, no deberían presumir de congelárselos. Son los únicos trabajadores que tienen la capacidad de asignarse el dinero que van cobrar. Ése que luego le pagamos entre todos.

La política es un ejercicio de hechos y de gestos. Y congelarse el sueldo es un gesto. Una decencia, incluso, en épocas de vacas flacas. Pero deberán reconocer los afectados que su impacto es más psicológico que económico. Hace unos días se publicó en este periódico el ahorro que supondrá para las arcas de la comunidad de Madrid el anuncio de congelación del sueldo de los miembros del gobierno autonómico y sus altos cargos. Dos milésimas, redondeadas al alza. Exactamente el 0,0016% del presupuesto. Está bien que se congelen los sueldos, pero que dejen ya de alardear de ello. El gesto es ridículo si no va acompañado de una reducción de la tropa de cargos de confianza, asesores y personal de libre designación que inflan las plantillas públicas. Si la austeridad y la sobriedad no alcanzan al coche oficial, a las comidas, a las ferias y verbenas, u otros tantos gastos suntuosos. Por ejemplo, la propaganda. O si no va a servir para poner coto al hecho de que las administraciones desdoblen los organismos y tengan departamentos distintos con iguales competencias. En algunos casos, iguales también de incompetentes.

Lo preocupante de la crisis no es que los diputados, concejales y altos cargos se congelen el sueldo, es que se les está congelando además la memoria. Hace unos meses se nos anunció otra vez en Andalucía la legislatura del pleno empleo, una de las "grandes apuestas" de los socialistas. Esta vez la promesa estaba asentada en "bases económicas sólidas", en palabras de Manuel Chaves. Que poco ha durado la alegría en la casa del pobre. Cuando la crisis ha entrado por la puerta, además del pleno empleo también el ADSL ha saltado por la ventana. A ver quién en la Administración regional se acuerda ahora del Internet gratis con banda ancha de un mega prometida por Chaves. O de las 300.000 viviendas de VPO, las rebajas de 300 euros por empleados domésticos, el incremento sostenido del PIB del 3%, o las becas para estudiantes modélicos. ¿Todo esto también se congela? ¿Alguien ha vuelto a escuchar algo de estas promesas?

La austeridad se ejercita con el ejercicio del poder no con la congelación del sueldo. Por lo tanto, habría que exigir a los políticos que acompañen esta iniciativa de meter la nómina en la nevera con alguna que otra medida de mayor calado. Por ejemplo, hay una esencial. Mejorar la calidad y la eficacia del gasto público, un camino por el que nos queda bastante trecho por el que discurrir. Por ello, el publicitado anuncio de que se van a congelar el sueldo es algo que a la mayoría de los ciudadanos no nos produce ni frío ni calor. Ante mejores ideas para afrontar la crisis, es lo mínimo que deben hacer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de septiembre de 2008